El Dépor avanza a paso firme en Segunda con un bloque sólido y claro, pero algunas lagunas. Es el caso de Arnau Comas, que no termina de adaptarse al estilo Hidalgo.
Antonio Hidalgo sigue sin dar con la llave que cierre una defensa demasiado blanda. La ausencia de Ximo Navarro dejó un agujero evidente y, en medio del desconcierto, el míster fue probando piezas hasta apostar por Arnau Comas, el refuerzo que llegó el último verano.
El catalán arrastra un debe importante: apenas firmó dos partidos completos, precisamente la goleada sufrida en Málaga y el cómodo triunfo frente a la Cultural. El resto fueron minutos dispersos o relevos obligados, siempre en pugna con un Dani Barcia que se mantiene estoico en pareja con Loureiro.
Su arranque de temporada ya venía torcido por lesiones, un lastre que él mismo reconoció que le obligó a caminar con cautela. “Llegué con lo justo, porque llevaba un tiempo parado”, afirmó el central al presentarse como refuerzo herculino.
Ahora, con los problemas físicos archivados, se le abre una nueva ventana para asentarse de una vez por todas en Riazor.
Las cartulinas, un problemón para su continuidad
Antonio Hidalgo no es técnico de manías, pero sus pocas rutinas acaban resaltando en un Dépor que vive en constante ajuste. Una de ellas la sufre Miguel Loureiro, obligado a cambiar de rol si uno de los centrales ve amarilla en la primera parte. Ese flagelo afecta tanto a Arnau Comas como a Dani Barcia.
La norma afectó a ambos zagueros ante Valladolid y Córdoba, forzando un reparto de minutos casi quirúrgico. Barcia cayó del once tras aquella tarjeta temprana y el penalti sobre Marcos André, mientras que Comas ganó continuidad hasta que en El Arcángel entró pasado de revoluciones y volvió a quedar señalado antes del descanso.
El relevo devolvió a Barcia al césped y empujó a Loureiro al centro, donde su pierna buena le da otra salida al juego. La colección de apercibidos crece: Comas lidera la lista con cuatro tarjetas amarillas, al borde de la suspensión.

La jerarquía no está en discusión
El defensor de 25 años pasó por toda la estructura de La Masía hasta asentarse en el Barça B. Sin encontrar hueco en el primer equipo, el Basilea llegó a su rescate. En el país helvético creció como central, pero una grave lesión frenó su ascenso futbolístico.
Para darle rodaje, los suizos lo cedieron al Eibar, donde disputó nueve encuentros, y ahora apareció el Dépor, donde tiene la oportunidad de ser parte de un objetivo enorme, como es devolver al equipo a Primera División.




