Un triunfo que impulsa a los gallegos a lo más alto y confirma que el atacante canario vive su temporada más decisiva
El Deportivo de La Coruña necesitaba una victoria que enviara un mensaje claro al resto de la Segunda División, y en Córdoba encontró mucho más que tres puntos. Encontró personalidad, madurez y liderazgo en la figura de Yeremay Hernández, el mediapunta que decidió quedarse en Riazor cuando muchos pensaban que el proyecto no podía retenerlo. Su renovación hasta 2030 fue interpretada como un acto de fe y también como una apuesta emocional: devolver al club de su vida al lugar del que nunca debió salir.
En la visita al Córdoba CF, ese compromiso volvió a quedar cristalino. El conjunto dirigido por Antonio Hidalgo selló un triunfo por 1-3 que lo eleva al primer puesto de la clasificación, y lo hizo con una actuación que combinó oficio, pegada y calma en los momentos complicados del partido. Y en cada jugada importante apareció Yeremay, ya sea con talento, con intuición o con una determinación que parece cada vez más madura a sus 22 años.
El talento diferencial del ’10’: una asistencia con caño, personalidad en el penalti y un liderazgo que se multiplica
El primer gol del Dépor fue una demostración de que Yeremay no solo desborda; ve lo que otros no ven. Recibió entre líneas, encaró, inventó un caño como si fuese un gesto rutinario y dejó solo a Giacomo Quagliata, que fusiló a Iker Álvarez con un zurdazo seco al primer palo. El 0-1 no solo puso por delante a los gallegos: también encendió la sensación de que el partido estaba entrando en el terreno donde más cómodo se siente el Dépor.
El empate cordobés llegó pasado el minuto 60, con un desafortunado autogol de Lucas Noubi que alteró lo que estaba siendo una tarde de control visitante. Pero el plan no se descompuso. El equipo mantuvo su ritmo y su ambición, y el VAR terminó señalando un claro agarrón sobre Zakaria Eddahchouri dentro del área local. Ahí apareció de nuevo el líder emocional del proyecto. Yeremay tomó la pelota con una calma impropia de su edad y resolvió de la forma más fría y más brillante posible: un penalti a lo Panenka para batir a Iker y firmar su quinto gol de la temporada.
Ese gesto, mezcla de personalidad y descaro, confirma que el canario ya no es solo un jugador talentoso: es un futbolista determinante, un competidor que asume responsabilidades en momentos de máxima presión. Y en un equipo que aspira al ascenso, esas sensaciones valen tanto como los puntos.

Un Deportivo líder, más sólido y con un proyecto que mira a Primera con argumentos reales
El contexto deportivo del Dépor ha cambiado en pocas semanas. Con automatismos más claros, una estructura defensiva más estable y un juego ofensivo que fluye cuando aparece la sociedad entre Yeremay, Eddahchouri y Quagliata, el conjunto gallego empieza a parecer un bloque reconocible y competitivo. En Córdoba no necesitó una avalancha ofensiva: necesitó orden, paciencia y eficacia. Tres conceptos que antes se echaban en falta y que ahora se repiten cada fin de semana.
Yeremay es el símbolo del proyecto, pero no está solo. La gestión de Antonio Hidalgo está consiguiendo que futbolistas jóvenes encuentren su espacio, que las piezas veteranas sostengan los momentos de incertidumbre y que cada victoria tenga un sentido colectivo. Lo que antes era ansiedad ahora es ambición. Lo que antes era irregularidad ahora empieza a ser continuidad. Ese es el verdadero cambio.
Y sobre el futuro del ’10’, inevitablemente llegan preguntas. ¿Será esta su última temporada en Riazor? ¿Mantendrá el Dépor la calma si llegan ofertas descomunales? La dirección deportiva ya demostró en verano que no está dispuesta a malvender a su gran talento, ni siquiera cuando se hablaba de cifras cercanas a 30 millones. Pero la mejor respuesta no está en los despachos, sino en el campo. Mientras el equipo siga ganando y Yeremay siga brillando, la discusión será secundaria.
Hoy el Dépor es líder. Hoy Yeremay es decisivo. Y hoy, más que nunca, el ascenso vuelve a parecer un objetivo alcanzable.




