El magnate estadounidense ha conquistado a la afición con carisma y respeto a la identidad perica pero el mercado de invierno deja al descubierto la brecha entre el discurso del Top 6 y la realidad de una gestión que aprieta el cinturón
Alan Pace llegó al RCD Espanyol con promesas de revolución y ambición. Sus primeros 100 días como propietario han dejado un sabor agridulce: maestro de las formas, avaro con el talonario.
El discurso del Top 6 y la Europa de las ilusiones choca frontalmente con un mercado de invierno cerrado con Cyril Ngonge como único movimiento, y en calidad de cedido. Mientras los rivales directos se reforzaban, el Espanyol bajó la persiana.
El contraste que incomoda
Pace ha demostrado saber perfectamente cómo ganarse a una afición: fotos con los pericos, homenajes sentidos y un respeto escrupuloso por la identidad del club, algo que faltaba ostensiblemente con la anterior propiedad de Chen Yansheng. El crédito de las sonrisas, sin embargo, es limitado.
La máxima de «no por gastar más vamos a estar mejor» suena a gestión responsable sobre el papel. En el vestuario y en la grada suena a otra cosa. La sostenibilidad sin ambición en el césped suele conducir al estancamiento, y el Espanyol lleva demasiado tiempo en ese ciclo como para que la afición lo acepte con resignación.
Lee también
El modelo Burnley trasplantado a Cornellà
El patrón que Pace aplica en el Burnley parece replicarse en el Espanyol con los mismos parámetros: poco gasto, mucha prudencia y una dependencia excesiva de oportunidades de última hora en el mercado. El modelo multiclub funciona con criterios de austeridad que pueden tener sentido financiero pero que en el fútbol competitivo generan un problema estructural: los rivales no esperan.
Pace ha ganado tiempo con su carisma. Pero si el objetivo declarado es codearse con los grandes de España, el Espanyol no puede permitirse más mercados de mínimos. Lo que llena estadios no son las ruedas de prensa sobre Europa. Son las victorias y un proyecto que luche por ella con argumentos reales sobre el campo.





