El equipo de Manolo González responde con oficio en un partido lleno de tensión, revisiones y momentos decisivos (1-0)
El RCD Espanyol firmó una victoria corta pero enorme en un duelo áspero donde el Rayo Vallecano llevó la iniciativa. El penalti convertido por Roberto Fernández bastó para sostener un encuentro que se volvió emocional y táctico. El equipo blanquiazul supo sobrevivir a la posesión visitante y defender con inteligencia en un tramo final lleno de interrupciones.
El penalti de Roberto Fernández marca el rumbo en una primera parte de desgaste constante
El choque comenzó con un Rayo muy cómodo con balón y con un Espanyol intentando golpear en transiciones rápidas. El equipo visitante movía la pelota con soltura, pero no encontraba profundidad ante una defensa local que juntó líneas desde el primer minuto. La acción clave llegó en el minuto treinta y nueve cuando Roberto Fernández transformó un penalti que cambió por completo el ambiente del partido.
El gol obligó al Rayo a adelantar metros y asumir riesgos mientras el conjunto perico se ordenaba para proteger su ventaja mínima. Los de Vallecas insistían con posesiones largas, aunque sin precisión en campo rival. En cambio, el Espanyol aprovechó cada recuperación para buscar espacios y provocó dudas en la zaga franjirroja durante varios minutos intensos.

La expulsión de Unai López agita el choque antes de un final lleno de tensión y decisiones VAR
La segunda mitad llegó con una sensación clara de que el Rayo necesitaba acelerar y el Espanyol debía mantener la calma. El partido saltó por los aires cuando Unai López vio la segunda amarilla y dejó a su equipo en inferioridad en el minuto sesenta y cuatro. La expulsión obligó a los visitantes a replegar y cambió por completo el reparto de esfuerzo sobre el césped.
Aun así, el conjunto madrileño siguió empujando y encontró aire a través de centros laterales que exigieron atención constante a Marko Dmitrovic y a la zaga blanquiazul. El Espanyol creyó sentenciar con un tanto de Kike García, pero el VAR lo anuló por fuera de juego y mantuvo el suspense hasta el final. La tensión creció todavía más cuando Tyrhys Dolan también fue expulsado por doble amarilla y el partido se abrió sin control.
La recta final fue una mezcla de nervios y resistencia con un Rayo insistiendo pese al desgaste producido por la inferioridad. El Espanyol defendió cada balón dividido y supo frenar el ritmo de un rival que había dominado la posesión pero no el impacto ofensivo. El pitido final premió la eficacia local y mantuvo viva la ambición europea del equipo catalán.





