El equipo lleva solo 3 puntos de 27 posibles en lo que va de año y necesita ganar al colista para recuperar el pulso: la baja del mejor jugador del momento complica la noche del lunes
El Espanyol no ha ganado todavía en 2026. Tres puntos de 27 posibles. El lunes recibe al Real Oviedo, colista, y el partido ya suena a finalísima. No porque lo que queda de temporada no importe, sino porque el equipo necesita una victoria de forma urgente: por puntos, por ambiente, por cabeza y por orgullo.
Y en ese contexto aparece la peor noticia posible: Edu Expósito se cae por sanción. Quinta amarilla en el peor momento imaginable.
La baja que más duele
Edu venía siendo el mejor jugador del Espanyol en el tramo reciente. Marcó su primer gol del curso en el Metropolitano y en Elche firmó su sexta asistencia en 25 partidos, igualando su mejor registro histórico en ese apartado. Un jugador que conectaba zonas, daba sentido a las posesiones y aparecía cuando el equipo se atascaba. Perderle justo ahora, ante el colista, en un partido que no admite excusas, es un golpe duro.
Sin Edu, el centro del campo pierde claridad. Pol Lozano y Urko González de Zárate tendrán que sostener más. Los extremos tendrán que participar de verdad. Y quien entre en su lugar deberá asumir galones en una noche con mucho ruido desde el primer minuto.
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Las opciones de Manolo González
La más natural es Ramon Terrats. Sería la solución más limpia y continuista: actuar por delante del doble pivote manteniendo una estructura reconocible. Terrats tiene pie, lectura y llegada para moverse en esa zona. El problema es que el partido le va a exigir mucho más que juego: carácter, continuidad y temple en una noche en la que la grada no espera mejora sino reacción inmediata.
La alternativa más agresiva es la doble punta con Kike García y Roberto Fernández. Sería un mensaje claro: ir a por el Oviedo desde el arranque, meter al rival atrás y buscar el gol cuanto antes. Kike llega en mejor momento frente al gol y Roberto, aunque atraviesa un bache, es un delantero de trabajo que no deja vivir cómodos a los centrales. El peaje es perder un hombre por dentro cuando ya no está Edu.
También aparece Pere Milla como segunda opción en ataque: más movilidad, más lectura entre líneas, y la posibilidad de que Jofre Carreras o Cyril Ngonge entren de inicio por fuera para dar desborde y chispa. Menos frontal que la doble punta, pero válida para partidos trabados.
El Oviedo no es tan fácil como parece
Carlos Romero lo definió como «un equipo engañoso.» Tiene lógica. El colista juega al límite, con urgencia y sin demasiado que perder. No necesita dominar para hacer daño: le basta con agarrarse al partido, esperar un error y dejar que el nerviosismo haga el resto. Y el Espanyol de este 2026 no está precisamente en su mejor momento para gestionar partidos que se tuercen.
Marcar pronto cambiaría la cara del encuentro. Empezar dudando podría convertir la noche en otra pesadilla. Manolo González tiene delante una decisión de entrenador de verdad: control o pegada, continuidad o golpe de efecto. Lo que está claro es que el equipo se juega mucho más que tres puntos. Se juega volver a creer que aún controla su propia temporada.





