Una noche tensa, marcada por las ausencias y por el 0-2 verdiblanco, termina con interrupción en el minuto 87
En Nervión se vivió un derbi extraño, intenso y desordenado desde el principio. El choque nació marcado por ausencias decisivas y terminó congelado por una suspensión que dejó a todos con sensación de final abrupto. La historia, sin embargo, la escribieron dos futbolistas del Real Betis: Pablo Fornals, autor de un golazo de puro talento, y Sergi Altimira, que certificó un triunfo de enorme valor. El Sevilla FC, lastrado por errores propios, impotencia ofensiva y un tramo final de frustración creciente, nunca encontró soluciones cuando el partido pedía pausa, claridad y convicción.
Un derbi condicionado por lesiones, ritmo irregular y un guion que se rompió en el 54’
La previa ya había sido un ejercicio de improvisación. Sin Amrabat, Antony, Isco, Lo Celso, Bellerín, Pau López, Nianzou, Suazo, Januzaj ni Vargas, la pizarra de Matías Almeyda tuvo que reinventarse. El Betis, también con bajas, encontró antes el tono competitivo, sosteniéndose en una presión alta que ahogó al Sevilla y obligó a jugar en largo con demasiada prisa. Las vigilancias verdiblancas funcionaron mejor que los ataques sevillistas, siempre precipitados y con una sensación incómoda de estar reaccionando a destiempo.
El primer aviso serio fue local: una llegada de Alfon González que abortó Aitor Ruibal. Poco después, un derechazo de Sow y una acción de Ejuke animaron a un Sevilla que parecía crecer, aunque sin continuidad. La ocasión más clara llegó tras una carrera de Ez Abde, que obligó a Vlachodimos a intervenir con solvencia. En general, el primer acto fue una partida de tensiones, acelerones y errores. Nada fluía del todo, nada se asentaba.
El segundo tiempo arrancó con un Sevilla más directo pero sin mordiente. Y entonces, el derbi se rompió: en el 54’, Fornals cazó un mal control de Batista Mendy, regateó con temple a dos defensores y definió con clase al palo corto. Un gol que, por ejecución y por contexto, cambió por completo el partido.

El Betis golpea, acelera y sentencia; el Sevilla entra en bucle emocional
Tras el 0-1, el Sevilla quedó expuesto. El equipo adelantó líneas, pero sin claridad ni equilibrio. El Betis lo leyó con inteligencia: cada transición era un peligro. En una de ellas, Ez Abde rozó el 0-2 y Akor Adams se topó con Valles en la mejor ocasión sevillista tras el descanso, invalidada luego por fuera de juego.
El segundo gol terminó llegando en un córner muy reconocible del Betis: ejecutado por Fornals, prolongado por Abde y rematado por Altimira con serenidad. Ahí se evaporó buena parte de la esperanza sevillista.
Empujado por la urgencia, el Sevilla se desordenó del todo. Almeyda intentó agitar el ataque con Alexis, Isaac Romero y Miguel Sierra, pero la ansiedad pudo más que la lucidez. La roja directa a Isaac en el 83′, fruto de una entrada dura pero sobre todo desesperada, definió mejor que nada el estado emocional del cuadro local.
Y entonces, el derbi tomó un giro inesperado.
Lanzamiento de objetos y suspensión: un cierre que deja herida y debate
El lanzamiento reiterado de botellas desde Gol Norte obligó a Munuera Montero a detener el partido en el 87’. Nadie resultó golpeado, pero la reiteración activó el protocolo, evocando inevitablemente el recuerdo del “derbi del palo”. Jugadores y técnicos de ambos equipos querían terminar, pero la normativa se impuso: todos a vestuarios.
Quince minutos después se retomó el encuentro, ya sin ritmo ni alma, con un marcador que no volvería a moverse. Las últimas llegadas sevillistas fueron impulsos más que ataques, y el Betis cerró el duelo con oficio y calma.

Un derbi que señala tendencias: orden bético, dudas sevillistas y un protagonista incontestable
El triunfo del Real Betis tiene nombre propio: Pablo Fornals. El castellonense decidió con clase, dirigió con inteligencia y asistió en el segundo gol. Fue el jugador que entendió mejor el ritmo, la presión y los tiempos de un partido complejo.
El Sevilla FC, en cambio, se marchó con más preguntas que respuestas: errores graves en salida, falta de control emocional, poca contundencia ofensiva y una tendencia preocupante a perder el orden en momentos clave.
Y Nervión, un año más, volvió a sufrir un cierre incómodo, con un episodio que la competición analizará y que deja manchada una noche que, en lo deportivo, ya era dolorosa para el sevillismo.





