La afición señala la falta de valentía en las rotaciones y critica decisiones previsibles que no alteran el plan de partido
La conversación alrededor del Real Madrid tras el empate en Montilivi no gira solo sobre el juego o las ocasiones falladas. El foco, esta vez, recae directamente sobre Xabi Alonso y la sensación generalizada de que el técnico está sacando muy poco partido al fútbol moderno marcado por las cinco sustituciones. La impresión es nítida entre analistas y aficionados: el equipo cambia tarde, cambia poco y cambia casi siempre lo mismo. Y en un calendario asfixiante, esa gestión empieza a levantar ampollas.
Lo que debía ser una herramienta para cambiar dinámicas, introducir energía y ajustar planes, se ha convertido en un gesto casi protocolario. Los cambios llegan cuando se esperan, con los nombres que se esperan y sin el impacto que debería esperarse en un equipo que pelea por absolutamente todo. La frustración no nace de un mal día: nace de la repetición.
La comunidad madridista apunta a decisiones previsibles y a la jerarquía como freno para tocar piezas clave del ataque
Las voces críticas tienen un punto en común: la falta de sorpresa. Analistas como Albert Blaya, entre otros, cuestionaron que Alonso sustituyera a Trent Alexander-Arnold, probablemente el mejor centrador de la plantilla, justo en el momento en el que entró el único rematador puro, Gonzalo García. Lo califican como una decisión que resta, no suma.
La comunidad madridista insiste en que el ataque condiciona la libre gestión. Con Vinicius Junior, Jude Bellingham y Kylian Mbappé como intocables, el técnico apenas toca el frente ofensivo, incluso cuando el partido pide aire nuevo. La sensación compartida es que jugadores como Brahim Díaz, Endrick o el propio Gonzalo parten siempre en desventaja. Y cuando entran al campo, lo hacen tarde: minuto 88, minuto 90… demasiado tarde para cambiar un guion ya asentado.
El debate sobre Rodrygo es especialmente hiriente entre los aficionados. Muchos se preguntan por qué sigue teniendo prioridad competitiva en momentos donde varios compañeros ofrecen, hoy, más soluciones. La palabra más repetida en redes: “incomprensible”.

El modelo de presión alta y control presiona aún más a un banquillo que necesita intervenir antes y con más convicción
A ese debate táctico se suma otro más estructural. Parte de la afición ve incompatible el plan de presión alta sin un mediocampista organizador natural que dé control cuando el partido lo exige. En ese contexto, los cambios tardíos solo agravan el problema: el equipo termina con cinco jugadores arriba, buscando soluciones individuales y sin un mínimo de orden para enlazar jugadas.
También está la sensación, expresada por muchos, de que Xabi no juega los partidos desde el banquillo con la personalidad que se le presupone. Que duda, que respeta jerarquías incluso cuando el partido pide otra cosa y que no termina de activar a chicos que pueden aportar algo diferente. Una decepción creciente en una parte de la grada que esperaba una versión más valiente del técnico.





