El Santiago Bernabéu dicta sentencia partido a partido y apunta a los jugadores por la crisis que, de momento, parece no haber tocado fondo.
En el vestuario blanco todavía resuena una sentencia que explica el terremoto: “El día que salió Xabi Alonso, todo quedó sentenciado”. Lo desliza un futbolista con papel secundario que ya intuía su destino desde la marcha del técnico de Tolosa. La frase suena a reproche interno y a clima enrarecido.
La destitución del entrenador no se gestó únicamente en los despachos. Florentino Pérez veía argumentos para sostener el proyecto tras la final de la Supercopa. El choque llegó con la imposición de Antonio Pintus en la preparación física, un pulso que detonó el conflicto.
Sin embargo, en el Bernabéu se instaló poco a poco la versión de que el vestuario le dio la espalda al ex técnico del Leverkusen y activó un operativo desgaste para empujarlo hacia la puerta de salida. La presunta “cama” surtió efecto y, a las pocas horas, tomó el mando Arbeloa, avalado por Florentino.
Xabi, víctima de un vestuario fracturado
Cuando el técnico decidió dejar de resistirse y optó por dar un vuelco a la situación, el grupo cerró filas con él. El problema es que ese respaldo llegó tarde. El desgaste ya era profundo y la fractura entre plantilla y dirección deportiva resultaba difícil de recomponer.
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El relevo recayó en un hombre de la casa y con ADN madridista: Álvaro Arbeloa, una designación que no despertó entusiasmo entre los jugadores. Desde dentro se interpretó como una apuesta directa del presidente, lo que generó recelos y silencios en el vestuario.
Su gestión se centró en contentar a las figuras, con especial mimo a Vinícius, mientras otros como Mastantuono, Carvajal, Brahim o Fran García quedaban en segundo plano. En lo deportivo, el equipo perdió identidad y nunca convenció. El pase a octavos no opaca la derrota de local ante el Getafe y el flojo rendimiento de un equipo que aún no se sabe a qué juega.
Un cónclave para rematarlo
El punto de quiebre llegó cuando empezaron los encuentros a espaldas del técnico. El más sonado fue el 11 de febrero, en el restaurante “61”, donde varios referentes del vestuario, impulsados por Vinícius, pactaron mostrar unidad tras la marcha de Xabi y los silbidos del Bernabéu.
La puesta en escena, no obstante, no cambió el rumbo. Con cuatro tropiezos en doce partidos (Albacete, Benfica, Osasuna y Getafe) el Madrid sigue sin rumbo, mientras en el club asumen que el banquillo del primer equipo le queda demasiado grande a Arbeloa.
La clave, saber “gestionar”
Un histórico del Bernabéu se refirió a la salida de Xabi e hizo hincapié en el vestuario: “En el Madrid no se trata de ser entrenador, sino de gestionar a los jugadores”, afirmó Gareth Bale, que jugó durante 8 años en el elenco blanco. Sobre la partida de su ex compañero, el galés afirmó que “no le sorprendió” ya que conoce el método Florentino.





