El control del balón y la paciencia marcan el guion de un Real Madrid superior desde el inicio en Chamartín
El Real Madrid arrancó el partido en el Santiago Bernabéu con una idea clara y sostenida. Dominio del balón, ritmo alto y vigilancia constante ante un Sevilla FC replegado y atento al contragolpe. Desde los primeros minutos, el equipo blanco instaló el partido en campo rival, obligando a los andaluces a resistir cerca de su área.
Las primeras llegadas llegaron pronto. Fran García probó dentro del área y obligó a intervenir a Odysseas Vlachodimos, que sostuvo al Sevilla en ese arranque. Poco después, Antonio Rüdiger cabeceó alto tras un saque de esquina y Kylian Mbappé buscó portería desde media distancia sin encontrar precisión. El Sevilla respondió con intentos aislados de Isaac Romero, pero sin continuidad ni profundidad real.
El partido se jugaba al ritmo que marcaba el Madrid. El Sevilla resistía, pero cada balón parado parecía una amenaza. Y en el minuto 38 llegó el golpe. Falta lateral botada por Rodrygo y remate certero de Jude Bellingham, que volvió a aparecer en el momento clave para abrir el marcador antes del descanso.

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Tras el paso por vestuarios, el escenario cambió ligeramente. El Sevilla adelantó líneas y asumió más riesgos, buscando un empate que exigía valentía. El Real Madrid aceptó ese nuevo contexto sin perder el control emocional del partido.
El segundo acto dejó un intercambio de golpes más abierto. Mbappé volvió a exigir a Vlachodimos con disparos desde la frontal y dentro del área, mientras el Sevilla encontró sus mejores momentos con remates de Alexis Sánchez e Isaac Romero, bien resueltos por Thibaut Courtois. El duelo entre porteros sostuvo la tensión del encuentro.
El punto de inflexión llegó en el minuto 68. Marcão vio la segunda amarilla tras una falta sobre Bellingham, dejando al Sevilla con diez y sin margen de error. A partir de ahí, el partido se inclinó definitivamente. El Madrid acumuló ocasiones, Vinícius y Rodrygo encontraron espacios y Vlachodimos evitó un marcador más amplio durante varios minutos.
En el 85, el desenlace quedó sellado. Penalti claro de Juanlu Sánchez sobre Rodrygo y ejecución impecable de Mbappé para el 2 0. El tramo final confirmó la superioridad blanca, con el Sevilla agotado y Courtois cerrando cualquier intento tardío.
El Real Madrid cerró el partido con autoridad, sin alardes innecesarios, pero con la sensación de control total. Un triunfo que refuerza su solidez competitiva y confirma que, incluso sin acelerar al máximo, sigue sabiendo decidir los partidos desde la jerarquía.





