La Real da un giro radical con el inicio de la era Matarazzo. El estadounidense marca su estilo sin que le tiemble el pulso.
El estreno de Matarazzo dejó un empate con sabor a poco y a mucho a la vez. Puntuar ante el Atlético no es menor, pero la Real, por contexto y por sensaciones, se marchó con la impresión de haber dejado escapar algo más. El 1-1 sirvió para frenar la caída y para empezar a intuir un cambio de rumbo.
Más allá de retoques puntuales, la verdadera novedad fue conceptual. Menos exageración y más claridad, un plan pensado para robar balones y salir con velocidad para cocinar las jugadas. Simplificar para competir, liberar al futbolista y ganar metros con rapidez: ese es el libreto del estadounidense.
Sistema flexible
En fútbol, los esquemas son una referencia más que una verdad absoluta. El balón manda y los dibujos se deforman con cada movimiento, pero en Anoeta sí se percibió una base reconocible. Frente a los colchoneros, la Real partió de un 4-2-3-1 poco habitual en los últimos tiempos, con dos pivotes en paralelo y una defensa de cuatro.
Matarazzo había dejado pistas en su única sesión abierta y el partido confirmó la idea. Beñat y Soler iniciaron muchas jugadas a la misma altura. A partir de ahí, los ajustes y desmarques del centro del campo fueron moldeando el sistema.

Ordenar desde la retaguardia
Una de las señales más claras del nuevo libreto fue la valentía defensiva. Matarazzo liberó a Jon Martín de la rigidez posicional y le pidió morder arriba, saltar sin miedo sobre el tercer centrocampista del Atlético. Un gesto que rompió inercias y activó al bloque.
Ese “salto de central” fue el detonante del plan. Cuando el rival dudaba, la Real apretaba en manada, con persecuciones agresivas y robos altos. De ahí nacieron las mejores transiciones, verticales y punzantes, las que más daño hicieron. Habrá que dosificar energías para poder mantener el ritmo en los 90 minutos.
Ataque inclinado por la izquierda
Con balón, el foco se desplazó claramente hacia la izquierda. El elenco txuri-urdin cargó ese sector con insistencia, buscando superioridades y asociaciones cortas. Guedes se movió por dentro, en el carril del ‘10’, liberando la banda para la llegada de Méndez y Gómez.
El mecanismo fue flexible y trabajado. A veces la salida se armó con tres atrás, otras con Soler retrasando su posición como líbero para ordenar. Siempre con una idea común: atraer por la izquierda para golpear donde más duele. Y todavía queda recuperar la mejor versión de Kubo…





