Tras temporadas de flojo rendimiento, el extremo portugués encuentra su zona de confort en Anoeta.
Gonçalo Guedes vuelve a marcar diferencias cuando más lo necesitaba la Real. No solo lo hace por el gol del empate ante el Atlético, sino también por su peso constante en el juego y su capacidad para agitar partidos atascados. Hoy es el jugador más fino del equipo.
Aún no es aquel extremo luso desatado de Mestalla, pero el camino es el correcto. Su compromiso se mide en cada balón dividido, en cada carrera repetida sin reservas. Aparece por ambas bandas, se cuela por dentro y ataca el espacio con la misma convicción que lo catapultó a ser un futbolista de élite.
Lo que en verano parecía una operación de riesgo por su irregularidad física se ha convertido en el movimiento más brillante de la dirección deportiva en los últimos años, donde primaron los fichajes decepcionantes.
El renacer de Guedes
Más allá de un lógico periodo de adaptación tras años sin continuidad, hay pocos reproches para el internacional luso. El físico le está respetando y su fiabilidad es total: solo se perdió un partido (Negreira en Copa) y es un recurso constante para todos los escenarios.
Los números refuerzan la sensación. En Inglaterra dejó una temporada de rotación (33 partidos con Wolves); en Donostia ya alcanzó cifras similares con media campaña por delante (20 presencias). Trece titularidades, minutos y continuidad avalan a un futbolista distinto.

La efectividad que busca Matarazzo
Una de las palabras que remarcó el entrenador estadounidense en su presentación fue la necesidad de ser “efectivo”. Con su juego vertical, de presión y con llegada por las bandas, Guedes pasa a ser un elemento vital en el proyecto de Matarazzo.
Su golpeo lejano recuperó filo y respeto, convirtiéndose otra vez en un aviso permanente para los guardametas. Frente al Atlético confirmó que no vive solo del talento, también del carácter para asumir galones cuando el partido quema.
Gonçalo se ganó un sitio de privilegio en la Real, ayer con Sergio Francisco y hoy también bajo el mando del nuevo míster. El contrato corto hasta 2028 respondía a la cautela por su edad y su pasado irregular, pero su rendimiento empieza a invitar a revisar decisiones en los despachos de Anoeta.





