El capitán de la Real Sociedad señala al vestuario tras una segunda parte inadmisible y asume responsabilidades colectivas
La Real Sociedad atraviesa uno de esos momentos en los que el marcador pesa menos que las sensaciones. La derrota por 1-2 ante el Girona FC en Anoeta no solo agrava la situación clasificatoria, sino que destapa una fractura competitiva evidente. Tras el partido, Igor Zubeldia no buscó refugio en discursos templados ni en análisis tácticos: habló desde la rabia y la frustración de quien siente que el equipo se ha fallado a sí mismo.
El capitán fue directo y duro, especialmente con el rendimiento del grupo. Reconoció un inicio aceptable, pero describió el resto del encuentro como una desconexión progresiva que terminó en algo inasumible para un equipo de Primera División. Sus palabras no dejaron espacio para interpretaciones cómodas.
“Hemos hecho el ridículo”: una segunda parte que no se sostiene
Zubeldia explicó que, tras el gol inicial, el equipo se desdibujó por completo. La Real Sociedad quiso ir hacia delante, pero sin claridad ni energía. En la segunda mitad, según el central, el equipo entró en un estado de impotencia total. “Jugando así nos gana cualquier equipo de cualquier división”, afirmó, en una frase que resume el nivel de alarma interna.
Más allá del resultado, lo que preocupa es la falta de reacción. Para el capitán, no es aceptable que, después de ponerse por delante, el equipo pierda el control emocional y competitivo del partido. La fragilidad mental volvió a aparecer y el Girona FC la castigó sin piedad.
Clasificación comprometida y un contexto que aprieta
Con 16 puntos tras 16 jornadas, la Real Sociedad se mueve peligrosamente cerca de la zona baja. El margen sobre los puestos de descenso es mínimo y depende de resultados ajenos. Pero más allá de la tabla, el discurso de Zubeldia apunta a algo más profundo: la ausencia de continuidad, de fiabilidad y de carácter en momentos clave.
El equipo lleva semanas sin encadenar victorias y las sensaciones no acompañan. Anoeta, tradicionalmente un refugio, empieza a ser un escenario de tensión. Y cuando el capitán habla así, es porque el vestuario es consciente de que la dinámica no se corrige sola.

Responsabilidad compartida y respaldo implícito al entrenador
Zubeldia también quiso dejar claro que el foco no debe colocarse únicamente en Sergio Francisco. Reconoció una realidad habitual en el fútbol: cuando las cosas van mal, el entrenador es el primer señalado. Pero fue tajante al recordar que quienes juegan son los futbolistas.
El mensaje, aunque duro, tiene una lectura clara: la plantilla debe dar un paso al frente. No hay coartadas tácticas ni excusas externas que tapen una segunda parte como la vivida ante el Girona FC. El capitán no habló para generar ruido, sino para marcar una línea roja interna.
La Real Sociedad sigue a tiempo de corregir el rumbo, pero el margen se estrecha. Y cuando uno de sus líderes habla de ridículo, es porque la autocrítica ya no admite aplazamientos.





