Urko González de Zárate se encuentra en el centro de una decisión clave para la Real Sociedad. Con una oferta de cuatro millones del Espanyol sobre la mesa, su continuidad dependerá de posibles fichajes
El fútbol, ese juego que convierte a un balón en juez de destinos, vuelve a colocar a la Real Sociedad frente al espejo de sus contradicciones. Sobre la mesa de Erik Bretos, director deportivo txuriurdin, descansa una oferta de cuatro millones de euros del Espanyol. No es una cifra desorbitada en el mercado actual, pero sí lo bastante simbólica como para obligar al club a reflexionar.
¿Conviene vender el 50% de los derechos de Urko González de Zárate, un canterano que ha mostrado luces y sombras, o mantenerlo a la espera de un despegue definitivo? Ironías del destino, la propuesta llega precisamente del equipo en el que Urko se redimió la pasada temporada.
El regreso del hijo pródigo: con condiciones
Durante su cesión en el Espanyol, Urko encontró lo que en San Sebastián parecía negársele: minutos, confianza y hasta un lugar en la memoria de los aficionados. Fue un mediocentro fiable, un obrero de esos que no suelen llevar los titulares pero sostienen la arquitectura de un equipo que lucha por sobrevivir. Y sobrevivió. Sin embargo, el joven mediocampista nunca ocultó su deseo de regresar a la Real, convencido de que la marcha de Martín Zubimendi al Arsenal abriría una grieta en el once titular.
Pero la vida, como el fútbol, rara vez cumple los guiones escritos con ilusión juvenil, la irrupción de Beñat Turrientes y la firme apuesta por Jon Gorrotxategi han cerrado esa grieta con cemento fresco. Urko es un jugador útil, aunque no imprescindible. Una paradoja dolorosa para cualquiera que se viste con la camiseta de la cantera, ser querido pero no indispensable, valioso pero prescindible. En San Sebastián, lo contemplan como pieza secundaria; en Barcelona, lo codician como engranaje central. A
El futuro entre Herrera y la nostalgia
El otro factor que complica esta ecuación lleva nombre propio, Yangel Herrera. Si la Real Sociedad concreta su fichaje, la sombra sobre Urko será aún más larga. En ese caso, mantener al mediocentro alavés en la plantilla rozaría lo contradictorio, ¿para qué retener a un jugador cuyo espacio ya está ocupado? El fútbol profesional no entiende de sentimentalismos, aunque a veces los aficionados intenten forzar la memoria. La despedida que Urko recibió en el partido contra el Espanyol aplausos, abrazos, complicidades sonó menos a reencuentro que a un preludio de retorno. Como si el vestuario perico ya lo reclamara como suyo.
El desenlace no depende solo de un análisis deportivo, sino de la filosofía con la que la Real Sociedad desea proyectarse al futuro. Vender el 50% de Urko por cuatro millones es una operación que ofrece liquidez inmediata pero reduce margen de maniobra a largo plazo. Retenerlo significa confiar en que el jugador se reencuentre consigo mismo, algo tan incierto como apostar a que un tren retrasado recupere su horario original. El balón está en los despachos de Jokin Aperribay, Erik Bretos y Sergio Francisco. Y uno no puede evitar preguntarse ¿elegirán la seguridad del dinero o el riesgo de la fe?