Tras una temporada desilusionante en Argentina, Ander Herrera analiza su futuro. La posibilidad de una vuelta a Aragón parece esfumarse
Parece que no habrá último baile en La Romareda. Ander Herrera, hijo pródigo del Zaragoza, está analizando su futuro inmediato tras terminar un año con más puntos negativos que positivos en su aventura en Boca Juniors. En medio de sus vacaciones, el vasco tomará una decisión.
Desde Argentina informan que el mediocampista de 36 años se debate entre dos posturas: continuar un año más con la camiseta azul y oro o colgar las botas. De esta manera, queda desechada la posibilidad de un retorno al blanquillo.
Experiencia limitada por las lesiones
La estancia de Ander en el club de la Ribera no fue la esperada. Desde que llegó al país sudamericano en enero de este año, solo pudo disputar 17 partidos. Las lesiones fueron el peor enemigo para el bilbaíno.
Al menos cuatro lesiones musculares marcaron su etapa en Boca. Problemas en los isquios y cuádriceps lo marginaron del verde césped en diferentes tramos de la temporada.
El dato es demoledor: en los últimos diez encuentros solo fue titular una vez y apenas sumó 196 minutos. Poca actividad para lo que necesitaba el xeneize. No obstante, cada vez que ingresó le aportó claridad y precisión a un equipo que gira alrededor de la calidad y el liderazgo de Leandro Paredes.

¿Del campo al banquillo?
Otra de las versiones que surgen con fuerza desde Buenos Aires es que Ander analiza colgar las botas y convertirse en ayudante del actual técnico de Boca, el inexperto Claudio Úbeda. En La Bombonera habrá desafío mayúsculo para 2026: la Copa Libertadores.
La Romareda, el primer gran escenario de Herrera
Ander Herrera dio sus primeros pasos de verdad en el fútbol profesional con la camiseta del Real Zaragoza. Entre 2008 y 2011 disputó 86 partidos oficiales, firmó 6 goles y 3 asistencias y se ganó un sitio en el once desde el carácter y la personalidad. Fue parte del equipo que logró el ascenso a Primera en la 2009/10, creciendo a la par del club.
En La Romareda se forjó el centrocampista que luego daría el salto definitivo. Alternó Segunda y Primera con naturalidad, mostrando llegada, criterio y liderazgo pese a su juventud. Su rendimiento llamó a la puerta de San Mamés y en 2011 cerró su etapa zaragocista dejando huella.





