Tras obtener tres puntos que le dieron algo de oxígeno, la Real Zaragoza buscará dar el golpe en Ipurúa para mantenerse con vida.
El Real Zaragoza por fin encontró un respiro en un año que lo ahoga. La primera victoria en el Ibercaja Estadio llegó como un sorbo de aire fresco para un equipo aún hundido en la clasificatoria, a seis puntos de una permanencia que exige encadenar resultados.
A partir del miércoles, Sellés y los suyos cambiarán el chip para afrontar otra final en un territorio hostil: Ipurúa. El Éibar no perdió ningún partido en casa y presenta un expediente rocoso, con cuatro victorias y tres empates en sus siete apariciones. Un desafío mayúsculo para el blanquillo.
Hora de la resurrección
El golpe de Granada dejó al equipo tocado y hundido, pero la victoria en el derbi redujo la brecha a seis puntos y alimenta una remontada que se medirá peldaño a peldaño. El siguiente nombre en la diana es el Mirandés, a solo tres unidades.
En el siguiente escalón aparece un pelotón con 15 unidades (Málaga, Sanse, Granada y Huesca). Luego del choque ante Éibar, los maños recibirán al Leganés y posteriormente visitarán La Rosaleda, en un duelo que puede ser fundamental en la lucha por la permanencia.

Las dudas para ir a Ipurúa
Rubén Sellés aguarda noticias de la enfermería, con la esperanza de recuperar piezas como Tachi, aunque Cuenca y Akouokou seguirán ausentes. Bazdar volverá tras su cita con Bosnia y Radovanovic cumplirá sanción, dejando un hueco que apunta a Saidu o Ale Gomes.
El entrenador de 42 años volvería a apostar por Aguirregabiria, el hombre que le dio el triunfo al Zaragoza en el derbi. El defensor, que llegó al club de manera improvisada y sobre la bocina, logró convencer al míster con sus buenas actuaciones.
Marea blanquilla rumbo a Éibar
Como un futbolista más, la afición zaragocista se movilizará hacia Ipurúa para apoyar al equipo en uno de los momentos más críticos en su historia. 306 plazas entregó el local al Zaragoza para el encuentro de este domingo.
Después del derbi aragonés, Sellés no dudó en señalar a la afición como pieza clave, subrayando que el empuje de la grada desde el primer instante cambió la energía del equipo. El blanquillo mostró síntomas de vida y ahora la misión es despertar del todo y mantener esa pulsación competitiva.




