El conjunto aragonés sobrevive a un partido áspero y encuentra en el descuento un premio emocional cuando la derrota parecía escrita
El Real Zaragoza logró un empate valioso en su visita al Burgos CF cuando el partido ya se escapaba. El uno a uno llegó en el tiempo añadido. El escenario era hostil y el frío acompañó al guion. El equipo zaragocista había hecho méritos antes. Pero el fútbol volvió a castigar la falta de acierto. Hasta que apareció Sinan Bakis. Y cambió el final.
Desde el inicio, el Zaragoza asumió el control del balón. Marcó el ritmo y se instaló en campo rival. El Burgos esperó su momento. Apostó por el repliegue y el golpe puntual. La sensación era de dominio visitante sin colmillo. El partido avanzaba en un equilibrio tenso.
El Real Zaragoza perdona en la primera parte y el Burgos CF castiga con eficacia tras resistir el dominio visitante
La primera mitad estuvo marcada por la paciencia zaragocista. Mucha posesión y pocas llegadas claras. Los córners se acumularon sin remate. El Burgos defendió con orden. Y amenazó con transiciones rápidas. Curro Sánchez y David González ofrecían siempre peligro latente.
El Zaragoza tuvo las mejores ocasiones antes del descanso. Soberón no acertó en un remate franco. Poco después, Valery Fernández estrelló el balón en el larguero. Fue una oportunidad clara para cambiar el guion. No lo hizo. Y el fútbol aplicó su ley más antigua.
En la siguiente acción decisiva, el Burgos no perdonó. Florian Miguel apareció por banda con un pase atrás medido. David González definió con precisión. El gol premió la eficacia local. Y castigó la falta de acierto visitante. El descanso llegó con ventaja burgalesa.
Lee también
Sinan Bakis emerge en el descuento y firma un empate que cambia el ánimo del Real Zaragoza tras un segundo tiempo abierto
La segunda parte fue distinta. El respeto inicial desapareció. Ambos equipos se lanzaron a por el partido. Las ocasiones llegaron en las dos áreas. Esteban Andrada sostuvo al Burgos. El Zaragoza volvió a encontrarse con la madera. El palo fue un enemigo recurrente.
El equipo aragonés insistió de todas las formas. A balón parado. En juego colectivo. También desde la individualidad. El Burgos respondió con peligro. El partido se convirtió en ida y vuelta. El empate parecía lejano. El reloj jugaba en contra.
Y entonces llegó el descuento. Cuando nadie lo esperaba, Sinan Bakis apareció. Golpeó con el empeine. Un disparo seco y definitivo. El gol que siempre se le había reclamado. El empate fue un alivio. Un refuerzo moral. No es una victoria pero cambia miradas.
El Real Zaragoza se marcha de El Plantío con un punto que sabe a resurrección. El Burgos deja escapar un triunfo tardíamente. El fútbol, otra vez, decidió al final.





