Real Zaragoza sostiene su estabilidad económica gracias a inversores clave

Periodista Deportivo |

El club reduce deuda pero depende de ampliaciones que apuntalan su supervivencia

El Real Zaragoza presentó unas cuentas equilibradas en el papel, sostenidas por una estructura accionarial que actúa como red de seguridad. La entidad mantiene vida estable a costa de inversión privada constante. El club avanza, pero lo hace con una mochila financiera que sigue pesando.

El ejercicio 2024-25 cerró con un resultado casi neutro: 17.152 euros de beneficios antes de impuestos convertidos en 49.603 euros de pérdidas una vez aplicadas las obligaciones fiscales. En términos prácticos, es un balance de respiración contenida propio de una entidad que dedica casi todo su presupuesto a competir, no a generar excedentes.

La entidad movió 17,94 millones en ingresos, impulsados principalmente por abonados, televisión y publicidad. Es un volumen significativo dentro de LaLiga Hypermotion, situando al Zaragoza entre los clubes con mayor capacidad de generación dentro de la categoría. Aun así, la mayor parte del dinero se destinó al gasto en personal, que alcanzó los 15,6 millones.

El papel de Forcén, los Mas y Oughourlian resulta determinante en la reducción de deuda

La deuda neta del club se situó en 39,67 millones, ocho millones menos que el curso anterior. La reducción, sin embargo, no procede de la actividad ordinaria, sino de las ampliaciones de capital impulsadas por el grupo Real Z LLC, compuesto por Juan Forcén, Jorge y José Mas, y Joseph Oughourlian, entre otros socios.

El desembolso de 12,1 millones en diciembre de 2024, sumado a la ampliación prevista para este año, elevará el capital social hasta cerca de 50 millones. Es un crecimiento patrimonial de enorme peso, pero también un recordatorio de que la sostenibilidad actual depende directamente del músculo financiero de sus propietarios.

El club también arrastra compromisos estructurales, como el préstamo del programa LaLiga Impulso (CVC), que contabiliza 12,64 millones pendientes a devolver hasta 2072. Es una deuda a largo plazo habitual en el fútbol profesional, pero condiciona la planificación futura.

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El Zaragoza avanza, pero con un proyecto que exige apoyo continuo del accionariado

El proyecto de la Nueva Romareda añade otras obligaciones financieras: el club ya afrontó un pago inicial de 6 millones y deberá abonar otros 10 antes de finalizar 2025. Estas cifras obligan a mantener una base inversora sólida para no comprometer el funcionamiento deportivo.

La fotografía general muestra un club estabilizado, competitivo y con un presupuesto alineado con aspiraciones de ascenso. Pero también revela una dependencia evidente: sin las aportaciones del núcleo inversor, el equilibrio económico sería inviable.

El Zaragoza progresa, sí, pero lo hace caminando sobre un suelo que sus propios accionistas han tenido que reforzar una y otra vez. El futuro inmediato dependerá de si ese compromiso sigue tan firme como hasta ahora.