La reunión en el Ibercaja Estadio evidencia tensión institucional y un vestuario que necesita aire antes de volver a competir
El ambiente en el Real Zaragoza pesa, duele y se respira lento. Las derrotas no solo han dejado puntos por el camino, también han dejado un vestuario roto, una afición agotada y un club que parece caminar sobre cristales. En medio del caos deportivo, este lunes dejó una imagen llamativa: en el Ibercaja Estadio se reunieron el director general Fernando López, el teniente de alcalde de Urbanismo Víctor Serrano y el presidente de la Federación Aragonesa de Fútbol, Manuel Torralba.
Junto a ellos, otras figuras públicas, todas conscientes de que el incendio deportivo empieza a alcanzar las instituciones. La fotografía tenía un mensaje silencioso: la situación ya no es solo futbolística, también política y social.
Mientras esas conversaciones ocurrían en despachos, el equipo trabajaba en la Ciudad Deportiva, donde Rubén Sellés reunió a los jugadores antes de empezar la sesión de recuperación. La charla fue un puñetazo verbal. Cruda. Real. Un entrenador intentando despertar a un grupo que parece caminar sin pulso.
Sellés habla claro: nada de victimismo, nada de finales inventadas y 36 horas para respirar
Las palabras volaron sin maquillaje. “Estamos en un velatorio, vamos a darnos una oportunidad. Ya está bien de victimismo”, dijo Sellés frente a la plantilla. El mensaje no era poético ni diplomático. Era un intento de ruptura con el discurso del lamento eterno. El técnico quiere competitividad, actitud y un corte definitivo con la apatía que ha marcado la temporada.
Luego insistió en otro punto que sorprendió a muchos: “No quiero oír que el Huesca es una final”. El derbi aragonés suele vestirse de dramatismo, pero Sellés no quiere que su equipo llegue con los hombros hundidos bajo esa presión. Busca calma, concentración y un reseteo emocional. Por eso ordenó algo poco habitual: desconexión total durante 36 horas. “El miércoles os quiero a tope”.
Este gesto puede interpretarse de dos maneras. Para algunos, un descanso así suena a lujo que un colista no debería permitirse. Para otros, es oxígeno que un vestuario hundido necesita para poder pensar con claridad. Cuando las piernas pesan, la cabeza pesa más.
Recuperación silenciosa: titulares en gimnasio, suplentes en césped y parte médico con luces y sombras
La sesión dejó una radiografía física del equipo. Los titulares se quedaron en el gimnasio, mientras suplentes y menos habituales saltaron al césped. Allí se vio una buena noticia: Keidi Bare y Radovanovic entrenaron con el grupo, una señal positiva en una plantilla castigada por lesiones.
También apareció Tachi, aunque solo en gimnasio, un punto intermedio que indica que todavía queda camino para verle competir. En el lado negativo estuvieron Saidu y Akouokou, ausentes por molestias. Mientras tanto, Samed Bazdar y Alejandro Gomes ya están concentrados con sus selecciones, una fuga deportiva en el peor momento.
La fotografía del entrenamiento recuerda a un barco que sigue navegando pero con tripulación incompleta. Son pocos, cansados y tocados. Y el calendario no perdona.

El silencio institucional y una afición que mira de reojo lo que ocurre fuera del césped
Lo deportivo importa, pero el ruido de los despachos cada día es más ensordecedor. La presencia de Fernando López, Víctor Serrano y Manuel Torralba en el Ibercaja Estadio alimenta una sospecha que el zaragocismo lleva meses repitiendo: el club se está gestionando hacia intereses ajenos al fútbol.
El acercamiento institucional podría ser la previa de decisiones importantes, o simplemente una foto de protocolo. Pero, a estas alturas, cada gesto despierta interpretaciones: ¿respaldan al entrenador? ¿evaluaron responsabilidades? ¿o solo hablan del estadio mientras el equipo se hunde?
La afición, desgastada, observa como quien mira una tormenta desde casa: sabe que la lluvia entra igual, pero ya no tiene fuerzas para gritar. El vestuario intenta levantarse, Sellés trata de reanimar un cadáver deportivo y la ciudad espera un milagro que, hasta ahora, nunca llega.




