Con la soga al cuello, Txema Indias sale desesperado al mercado para buscar refuerzos. Enero, mes bisagra en Aragón.
La ventana de invierno pasará a tener una notoriedad fuera de lo común para el Real Zaragoza. La necesidad de traer caras nuevas que le ofrezcan una renovación futbolística a un equipo a la deriva es imperiosa. La secretaría deportiva no tiene margen de error. Salvación o el infierno.
Txema Indias ha tejido, junto a Mariano Aguilar, una de las plantillas más grises que se recuerdan en La Romareda. Ambos ejecutivos parecen haber perdido el olfato futbolístico, ese instinto que separa al gestor del mero espectador.
El donostiarra, lejos de asumir errores, se dejó ver en campos de Segunda Federación, rastreando talento donde otros ya pescan con éxito.
Mientras tanto, el Real Zaragoza sigue sin explotar un mercado que en la Liga Hypermotion otorgó grandes resultados. La dirección deportiva blanquilla, corta de miras y aún más de efectivos, se transformó en una de las más escuálidas del fútbol profesional.
Renovación total
Pocas líneas resisten el escrutinio. La zaga hace aguas, el medio carece de mando y arriba la pólvora está mojada. El Zaragoza necesita reinventarse sobre la marcha y el mercado invernal se perfila como una carrera sin margen de error.
Con el tope salarial al cuello, la dirección deportiva deberá hilar fino para traer futbolistas que cambien el rumbo de un barco que amenaza con hundirse. Cada nombre deberá ser consensuado con Rubén Sellés.
En los despachos ya se asume que enero traerá movimientos profundos. Todo dependerá de cómo llegue el equipo a la ventana de fichajes, pero las miradas apuntan a la Primera RFEF, donde hay talento dispuesto a dar el salto. El reto no es menor.

La misión de Sellés: llegar con vida a enero
El Real Zaragoza encara un tramo decisivo antes de que el calendario le dé un respiro. Siete partidos separan al equipo de la apertura del mercado invernal, siete exámenes que marcarán su destino. Granada, Huesca, Eibar, Leganés, Málaga, Cádiz y Burgos aparecen en el horizonte maño.
Rubén Sellés intenta recomponer una plantilla mal diseñada, presa de la herencia de Gabi Fernández. Movió piezas, recuperó a Adri Rodríguez bajo palos y apostó por la experiencia de Aguirregabiria y la juventud de Ale Gomes. Pero los males persisten: falta de gol, fragilidad mental y un juego que apenas ilusiona, sobre todo por los magros resultados.




