Bahía Internacional firma la paz con el Real Zaragoza tras años de guerra y vetos en la cantera

Periodista Deportivo |

El club de Aragón y la agencia estrechan posturas para recuperar relaciones.

Las aguas empiezan a bajar más calmadas entre el Real Zaragoza y Bahía Internacional. Así lo dejó entrever Antonio Sanz, portavoz de la agencia, al deslizar que las relaciones caminan de nuevo hacia la normalidad. Un mensaje que suena a deshielo tras meses de tensión soterrada.

El conflicto tuvo episodios duros. La agencia llegó a ver vetada su presencia en la Ciudad Deportiva, con el punto de ruptura situado tras las salidas de varios canteranos en el verano de 2024. Desde entonces, incluso su delegado territorial tuvo cerradas las puertas de las instalaciones.

“Ahora estamos volviendo a la normalidad, gracias a un esfuerzo de las dos partes”, expresó Sanz.

El punto de quiebre

La fractura se abrió en el verano de 2024, tras las salidas de Samu Borinquel y Gorka Buil, y alcanzó niveles máximos de tensión. A partir de ahí, el club dio un paso más y negó el acceso a la Ciudad Deportiva a Luis Sampere, delegado territorial de la agencia implicada.

Ese contexto volvió a aflorar en los cuartos de final de la Copa del Rey Juvenil en febrero del año pasado. Cuatro jugadores del División de Honor no entraron en la convocatoria por no haber renovado, pese a que el Zaragoza había sellado el pase a la Final Four.

Entre los ausentes, había nombres de peso y goles: Dennis Rufo, Sergio Beltrán y los hermanos Lambea, todos ellos vinculados a Bahía Internacional.

El primer gesto concreto hacia una reconciliación

El tiempo todo lo cura. El paso de los meses rebajó la tensión y el contexto también ayudó. La reordenación de la cantera del Real Zaragoza, con David Navarro tomando el timón desde el 13 de noviembre de 2025, abrió un nuevo frente de diálogo.

La primera señal llegó en forma de refuerzo para el filial. Aimar Bonel, mediocentro formado en Osasuna y representado por Bahía, se sumó a las filas del Deportivo Aragón como pieza estratégica en un mercado de urgencias marcado por la pelea por la permanencia.

El aterrizaje de Bonel va más allá del rendimiento inmediato. Puede ser oxígeno competitivo para el Aragón y, al mismo tiempo, un gesto cargado de simbolismo. El primer paso de una distancia que apunta a acortarse.