La Roja acumuló 2,51 xG con 27 remates pero no encontró portería ante un rival ordenado en bloque bajo, en un debut que deja al descubierto la dependencia de Yamal y Nico Williams para generar desborde real.
España empezó el Mundial 2026 con un tropiezo que nadie había calculado: 0-0 ante Cabo Verde en el Mercedes-Benz Stadium de Atlanta, un resultado que refleja con crudeza lo que pasó cuando Luis de la Fuente salió sin sus dos extremos naturales.
El plan de Cabo Verde y la trampa táctica
Cabo Verde propuso bloque bajo, tapando los pasillos interiores y dejando que España circulara el balón sin profundidad. El plan era legible desde el minuto uno y aun así funcionó. Sin Lamine Yamal ni Nico Williams en el once, La Roja no tuvo a nadie capaz de romper la línea lateral con velocidad. Gavi actuó como extremo izquierdo de inicio pero su perfil interior no es el del regateador que desequilibra en banda. Ferrán Torres, por el lado derecho, tampoco encontró los espacios que necesita.
El mapa de tiros lo dice todo: 27 remates con 2,51 xG frente a apenas 6 remates y 0,42 xG del rival africano. España generó volumen, pero la calidad por zona se diluyó porque las llegadas llegaban por combinación interior, no por desborde. Cabo Verde resistió más de 100 minutos sin cometer prácticamente ninguna falta. Así de ordenados estuvieron.
El problema de fondo: sin anchura, sin verticalidad
Pedri tampoco estuvo a su nivel. Dos fallos en el pase impropios de él marcaron la primera parte y su falta de ritmo se notó en la sala de máquinas española. Rodri, al final del partido, fue directo: "Al final no van a pasar de la mitad del campo". La lectura del capitán resume la tarde.
Marc Cucurella fue el nombre que más apareció en ataque por el costado izquierdo, lo que ya dice bastante sobre la falta de alternativas ofensivas. Un lateral derecho reconvertido como solución en banda izquierda es la imagen más clara del embrollo en que se metió De la Fuente con su once inicial.
Para los próximos partidos del Grupo H, el seleccionador tendrá que dar respuesta a una pregunta sencilla: ¿puede España ganar sin sus extremos regateadores en el once? La tarde en Atlanta sugiere que no. Con Arabia Saudí y Uruguay por delante, el margen de error se ha reducido desde el primer pitido.



