El estadio sevillano solo reunió a unos 30.000 aficionados pese a su aforo de 70.000 localidades disponibles
La imagen de La Cartuja medio vacía ha sido uno de los temas más comentados alrededor del duelo entre España y Turquía. El estadio, con capacidad para unas 70.000 personas, apenas acogió cerca de 30.000 asistentes según cifras trasladadas por la RFEF. Las gradas semidesiertas reavivan un debate recurrente sobre la relación entre la ciudad y la selección nacional.
Un contexto que explica la pobre entrada en La Cartuja
La fotografía resultó llamativa: un estadio preparado para las grandes noches europeas presentando grandes parches sin público en un partido de la selección. Varios factores se combinaron para construir ese escenario y todos eran conocidos en la ciudad desde días antes. El primero, el precio de las entradas, situado entre 40 y 48 euros, un rango que muchos aficionados consideraron excesivo para un encuentro sin nada en juego.
A esto se sumó el colapso de la zona norte de Sevilla, afectada por cortes continuos debido a las fuertes lluvias y a un tráfico muy condicionado durante tres días consecutivos. El acceso al estadio ya era complicado en circunstancias normales y este contexto terminó por disuadir a quienes valoraban acudir sobre la campana.
Una combinación de factores que reduce el atractivo del partido
Más allá del precio y de los problemas de movilidad, el encuentro no tenía impacto clasificatorio ni relevancia competitiva para España. En ese clima, el impulso emocional cae y el aficionado mide más su inversión económica, su tiempo y las incomodidades añadidas. La suma de estas circunstancias derivó en una asistencia que Sevilla, como ciudad futbolera, intuía desde la previa.

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El debate sobre Sevilla como sede de la selección española
La Cartuja ha sido sede recurrente de la selección en los últimos años, pero cada partido reabre el debate sobre si la capital andaluza es siempre la mejor opción. No por falta de afición, sino por una combinación de calendario, precios y contexto. Esta vez, la conversación tomó aún más fuerza porque varias ciudades habían mostrado disposición para acoger el duelo contra Turquía, y muchas de ellas habrían llenado el estadio sin dificultad.
La sensación generalizada fue la de una oportunidad desaprovechada. El contraste entre la demanda existente en otros territorios y las gradas semivacías en Sevilla alimenta la idea de que la rotación podría beneficiar tanto a la selección como al ambiente de los partidos. En cualquier caso, la elección de sede no siempre depende únicamente de la demanda, sino también de contratos previos, acuerdos institucionales y planificación logística.
La percepción pública tras un aforo muy lejos de lo esperado
En las redes sociales, el debate se convirtió rápidamente en conversación nacional. La imagen de un estadio medio vacío choca con la narrativa habitual que rodea a la selección, especialmente cuando se trata de una ciudad que históricamente responde bien al fútbol. Pero la falta de contexto lleva a interpretaciones erróneas y reduce un fenómeno multifactorial a titulares simples.
Las personas que sí acudieron al estadio defendieron que, dadas las circunstancias, la asistencia fue incluso meritoria. La suma de 30.000 espectadores para un amistoso sin alicientes y con dificultades de acceso se percibe como un número notable para quienes conocen el clima real de esos días en Sevilla.
Para parte de la afición sevillana, el debate es claro: no se trata de falta de apoyo a España, sino de la combinación de precios, momento del calendario, escaso atractivo deportivo y caos de movilidad. Un cóctel que, en cualquier ciudad, habría provocado un aforo similar.




