El técnico del Betis reivindica el nivel técnico nacional pero exige el fin del «engaño» y el resultadismo
Manuel Pellegrini ha coronado a España como la potencia absoluta del fútbol mundial en una profunda reflexión sobre el estado actual del juego. «El Ingeniero» ha defendido que la calidad técnica en España es insuperable, situando a la Selección por encima de cualquier otra no solo por su once titular, sino por la profundidad de su banquillo. Sin embargo, el preparador bético no ha evitado la autocrítica hacia la competición doméstica, lanzando un aviso a navegantes: para competir con el espectáculo de la Premier League, LaLiga debe erradicar el «engaño» del jugador y el exceso de resultadismo.
Pellegrini apuesta por aumentar el tiempo de juego efectivo y priorizar la actividad atractiva sobre la especulación, asegurando que, aunque sobra calidad, falta compromiso con el espectador para que el fútbol español recupere su hegemonía global.
Seis años de estabilidad en Heliópolis frente a la tiranía de la inmediatez
La trayectoria de Pellegrini en el Real Betis es un oasis de regularidad en una profesión marcada por el estrés y la volatilidad de los resultados. El técnico chileno ha recordado que, tras casi tres décadas trabajando de forma ininterrumpida fuera de su país, su secreto reside en partir de cero cada mañana y saber gestionar la pasión desbordante del entorno verdiblanco.
Pese a las limitaciones económicas que han obligado al club a vender jugadores importantes cada verano, Pellegrini ha logrado mantener una plantilla competitiva que desafía los objetivos iniciales de la entidad. Su capacidad para superar los «momentos puntualmente malos» y convertirlos en aprendizaje ha sido el motor que ha consolidado al Betis en la zona noble de la tabla, demostrando que la ambición y la autocrítica son los pilares de su incombustible motivación.
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A sus 72 años, Pellegrini se muestra satisfecho con la respuesta de su plantel, especialmente ante la plaga de lesiones que ha castigado al equipo en este tramo de la temporada. Aunque reconoce que todo entrenador aspira a tener siempre «el mejor plantel posible», asume con naturalidad la realidad financiera del club, centrando su energía en optimizar los recursos disponibles.
Su continuidad en los banquillos sigue ligada exclusivamente a esa motivación diaria que le permite ignorar los cuestionamientos tras un par de derrotas, manteniendo una exigencia personal que, según sus palabras, no tiene fecha de caducidad mientras sienta que puede seguir aportando al crecimiento del Betis y al espectáculo del fútbol español.





