Almeyda montará el autobus contra el Oviedo

Periodista Deportivo |

Almeyda se aferra al dibujo con el que logró rescatar un punto de Mestalla. Blindar la defensa, el objetivo en Nervión.

A Matías Almeyda le quedan tres balas antes de cerrar el año en Nervión, y de momento no ha conseguido mejorar los números que dejó García Pimienta en el mismo tramo. El argentino aterrizó con pulso firme y un sello reconocible, pero el brillo inicial se apagó pronto.

El Sevilla tocó techo ante el Barça y, acto seguido, se desplomó con cuatro derrotas seguidas. El Pelado mantuvo la idea a rajatabla, incluso cuando el guion pedía algo de retoques.

Línea de 5, el salvavidas

Entre lesiones y falta de alternativas, el 4-2-3-1 empezó a hacer aguas y la defensa de tres/cinco se convirtió en un rescate obligado. En Mestalla, la fórmula devolvió equilibrio atrás, aunque restara pólvora arriba. El punto ante Valencia devolvió algo de oxígeno a Nervión.

El derbi dejó heridas profundas en el vestuario, donde caló la sensación de inferioridad ante el eterno rival. Almeyda necesita calmar el oleaje cuanto antes para que el proyecto no se tambalee antes de tiempo.

La enfermería, un enemigo contra el Oviedo

Para el duelo del domingo ante el carbayón en el Pizjuán, el ex entrenador de River Plate cuenta con siete bajas confirmadas: Suazo, Juanlu, Nianzou, Rubén Vargas y Januzaj. Además, Isaac Romero y Peque están sancionados.

Con las bajas como coartada, el técnico recuperó a Azpilicueta, Gudelj y Castrín para blindarse en Mestalla. Después, ante Osasuna, tiró de Juanlu para equilibrar un once parcheado y logró por fin la victoria que frenó el derrumbe.

Ese punto en Valencia será oro si el Sevilla tumba al Oviedo este fin de semana. Almeyda sabe que diciembre no admite tropiezos, y menos jugando en casa. La urgencia aprieta.

Almeyda bajo advertencia

Noviembre fue un aviso: solo tres puntos en todo el mes. Almeyda activó entonces un plan de emergencia, levantando un muro con los centrales disponibles y esperando recuperar efectivos para no seguir remando contra corriente.

La visita del Oviedo es una final camuflada. Ganar daría aire al entrenador y permitiría cerrar el año cerca de los 20 puntos marcados como objetivo mínimo. Perder, en cambio, reabriría un incendio que ya empieza a oler a ultimátum.