El factor que esgrime Caparrós para que Sergio Ramos compre el Sevilla

Periodista Deportivo |

El camero recibe la bendición del presidente de honor del club hispalense. La venta del Sevilla, en su etapa final.

Nervión amaneció sacudido este 13 de enero de 2026. Joaquín Caparrós, voz con peso de historia y memoria sevillista, deslizó sin rodeos la posibilidad de que Sergio Ramos lidere el futuro del club desde la propiedad, un mensaje que, en plena tormenta institucional, suena a esperanza.

Las palabras de Caparrós no pasan de largo en el ecosistema sevillista. Que el técnico que mejor conecta con la grada avale a Ramos como posible propietario actúa como bálsamo para viejas heridas y suaviza recelos aún latentes. Poco a poco se perfila un relato distinto.

«Alguien que haya mamao esto»

Al ser consultado sobre el futuro mando del club, el de Utrera apeló definitivamente a la identidad: “Está claro que quiero lo mejor para el Sevilla, y si pudiera ser de alguien que es sevillista, que ha ‘mamao’ esto, bienvenido sea”. Ese mensaje fue traducido en un guiño para Ramos.

El contexto está empantanado en el Pizjuán. Los accionistas se muestran dubitativos con el capital extranjero y eludieron la oferta de la Tercera Vía, que todavía prepara una ofensiva final. En medio de la guerra, emergió la figura del campeón del mundo con 400 millones sobre la mesa.

La furia del Pizjuán le añade picante

El Sánchez-Pizjuán volvió a señalar al palco, aunque esta vez esperó al pitido final. La derrota ante el Celta encendió de nuevo a la grada contra la directiva y Del Nido Carrasco. El equipo de Almeyda está cada vez más cerca del abismo y y dibuja un horizonte deportivo oscurecido ante la falta de respuestas.

Mientras el balón castiga, los despachos siguen atrapados en una venta que no termina de arrancar. La oferta norteamericana se diluye, el precio por acción se mantiene en cifras disuasorias y la deuda continúa envuelta en sombras.

En la recámara esperan la Tercera Vía y Sergio Ramos, aún en silencio público pero activo entre bambalinas. El sevillismo, cansado de promesas y de coquetear con el descenso, ya no cree en parches. Con este rumbo y este mando, la pesadilla de Segunda empieza a ser una realidad.