Matías Almeyda con pocas probabilidades de éxito

Redactor |

Regresa a Nervión un viejo conocido, pero con un estilo sin probar en LaLiga

Matías Almeyda vuelve a Sevilla, pero esta vez sin botas ni camiseta. Lo hace desde el otro lado de la línea de banda, con silbato, carpeta táctica y una apuesta que divide tanto como ilusiona. Fue jugador del club andaluz en la temporada 96/97, una época lejana en la que el Sevilla aún luchaba por consolidarse entre los grandes. Hoy, en cambio, llega para intentar devolverle esa grandeza que parece haberse esfumado entre despidos exprés, derrotas en casa y la memoria reciente de un equipo que hace no tanto se paseaba por Europa con aires de nobleza.

A sus 51 años, Almeyda aterriza con un contrato de tres temporadas bajo el brazo, tras conquistar Grecia con el AEK de Atenas, sumando liga y copa. Nada mal. Pero el salto a LaLiga no es menor. Y mucho menos cuando se trata de domar al impredecible dragón sevillista, que tan pronto ruge como se autodestruye.

Un estilo que ahoga… y a veces se ahoga

Quienes han seguido su carrera saben que Almeyda no es un técnico tibio. Si el fútbol fuera ajedrez, él jugaría con relojes de arena y piezas de fuego. Su sello: presión alta, marcaje individual, ritmo vertiginoso y ataques veloces como un relámpago sobre el asfalto. Utiliza sistemas como el 4-2-3-1 o el 4-4-2, pero el número es lo de menos: lo que importa es que su equipo muerda. En Chivas se coronó con la CONCACAF y en AEK hizo bailar a Grecia al son de su fútbol eléctrico.

El problema es que esa intensidad no siempre es sostenible. Sus equipos tienden a vivir al filo de la navaja: si el rival resiste la presión inicial, las líneas se abren, el balón parado hace estragos y la defensa, a menudo adelantada, queda expuesta como un castillo sin foso.

En ligas menos exigentes, Almeyda ha brillado. Pero no tiene experiencia previa en grandes campeonatos europeos ni, sobre todo, en la propia LaLiga, un territorio donde cada error táctico se paga como una deuda vencida: con intereses y sin piedad.

Matias Almeyda

El Sevilla que encontrará: urgencia, grietas y una necesidad brutal de reinvención

La llegada de Almeyda coincide con un Sevilla desorientado, fuera de Europa, y con una plantilla que no termina de encontrar su identidad. Si algo le sobra al argentino es carisma, pero aquí va a necesitar mucho más que eso. Tendrá que reconstruir un equipo con alma herida, hinchada impaciente y un vestuario que ha visto pasar demasiados técnicos en demasiado poco tiempo.

¿Le traerán los fichajes que pide? ¿Podrá contar con un medio creativo que articule su propuesta de juego? ¿Responderá la plantilla al esfuerzo físico que exige su sistema? Son preguntas que Cordón deberá responder antes de que el verano se esfume.

Porque no basta con prometer libertad en el centro del campo o intensidad en la presión. La LaLiga no premia el entusiasmo táctico si no viene acompañado de resultados consistentes.

¿Éxito o espejismo?

¿Podrá Almeyda devolverle al Sevilla la grandeza que conoció no hace tanto? La duda es legítima. Su estilo encaja más con la épica de lo imposible que con el pragmatismo de lo constante. Si le dan tiempo, fichajes acordes y estabilidad institucional, tiene el carácter para reanimar al enfermo. Pero si se repite el caos de temporadas anteriores, su estancia en Nervión podría ser tan fugaz como recordada.

En cualquier caso, la apuesta está hecha. Y con Almeyda, eso significa espectáculo asegurado… para bien o para mal.