Almeyda soporta la sombra de Caparrós

Periodista Deportivo |

Horas dramáticas en Nervión. Tras el ridículo ante el Levante, Almeyda explota en el vestuario y la fractura con la plantilla es evidente.

El pospartido en el Sánchez-Pizjuán fue un incendio a puerta cerrada. Almeyda, sancionado y testigo desde la grada, bajó al vestuario con la mecha encendida y sin ánimo de paños calientes. Dentro, el clima fue irrespirable, con reproches directos a una plantilla sin pulso ni reacción.

Las caras largas y el silencio absoluto al abandonar el estadio retrataron la fractura. No hubo palabras ni gestos, solo miradas perdidas. La sensación es inequívoca: el Sevilla se desmorona. Asfixiado económicamente, sin un dueño claro a la vista y, ahora, se le suma el fantasma del descenso.

Del sueño a la pesadilla

El 2026 arrancó torcido en Nervión. El Sevilla volvió a naufragar en casa, superado con claridad por un Levante que golpeó en los momentos clave. Los goles de Losada, Espí y Carlos Álvarez certificaron una derrota que ya no sorprende: la décima del curso.

El patrón se repite con una crudeza alarmante. Cada vez que el Sevilla encaja primero, el partido se le escapa sin remedio. Nueve encuentros, nueve derrotas, lo que refleja una incapacidad absoluta para reaccionar.

El balance explica la inquietud. Con 20 puntos tras seis victorias, dos empates y diez tropiezos, el equipo cierra la primera vuelta en tierra de nadie. Ni ilusión ni margen, solo una sensación persistente de fragilidad que amenaza con enquistarse. Cuatro puntos lo separan de la zona roja.

EGD Sevilla
El Sevilla fue pura impotencia frente al Levante y acumuló su quinta caída en el Pizjuán

Almeyda se defiende y pide refuerzos

El entrenador argentino analizó la dura derrota en casa e hizo hincapié en la falta de gol: “Ni de penalti pudimos concretar. Si te falta efectividad, te falta todo”. El mensaje del Pelado llegó hasta las oficinas de Cordón. Sin embargo, Almeyda reconoció el mal pasar económico del club y afirmó que “no hay que poner excusas”.

La sombra del “bombero” Caparrós

En medio del naufragio, solo un nombre emerge como solución inmediata y asumible: Joaquín Caparrós. En Nervión lo ven ya como el último cartucho, el técnico capaz de agarrar el equipo sin exigir imposibles y de activar el modo supervivencia.

El utrerano simboliza carácter, oficio y, sobre todo, amor incondicional al rojiblanco. Su regreso empieza a percibirse menos como alternativa y más como salvavidas, si en las próximas jornadas no aparece un giro inesperado.