La oposición y los colectivos sportinguistas exigen un «Modelo Sadar» para el templo gijonés
La reforma de El Molinón se ha convertido en el epicentro de la actualidad del Sporting de Gijón. Tras el anuncio del Ayuntamiento sobre las obras en la cubierta marcadas por goteras y defectos de seguridad visibles cada jornada, la respuesta no se ha hecho esperar. Mientras el grueso de la afición coincide en que la intervención es urgente, el tono de la discusión política y social ha subido de intensidad. El foco principal se centra en determinar si estas obras suponen una solución real o un simple arreglo temporal para salir del paso.
Desde el PSOE, el portavoz José Ramón Tuero ha sido tajante al calificar la medida como un «parche». La oposición critica la falta de un proyecto integral, la ausencia de un cronograma claro y, especialmente, el uso de fondos públicos tras haber renunciado a la sede del Mundial. Para los socialistas, cualquier inversión será estéril si no se implementa un manual de mantenimiento riguroso que evite el deterioro actual del estadio más antiguo de España. Esta reflexión pone en duda la eficiencia de la gestión local sobre el patrimonio deportivo de la ciudad.
Unidad y transparencia: Las demandas de la Asociación Anselmo López, UNIPES y la Grada de Animación
El descontento con la política de arreglos puntuales ha unido a los principales colectivos de aficionados en un frente común. La Asociación Anselmo López, UNIPES y la Grada de Animación han emitido un comunicado conjunto donde exigen un compromiso firme bajo el denominado “Modelo Sadar”. Este referente, basado en la exitosa reforma del estadio del CA Osasuna, se propone como la hoja de ruta ideal. Los aficionados abogan por una reforma sobre lo existente que permita ganar modernidad sin perder la presión ambiental característica del recinto gijonés.
La propuesta de estos colectivos se basa en pilares fundamentales como la eficiencia de costes y la identidad histórica. Buscan lograr un estadio de primer nivel con una inversión lógica y controlada, respetando el patrimonio mientras se proyecta el estadio hacia el futuro. Además, exigen una transparencia total y plazos rigurosos para evitar que las obras se dilaten en el tiempo sin resultados definitivos. El objetivo final es erradicar definitivamente la política de arreglos provisionales que ha marcado las últimas décadas del municipal gijonés.





