Arnaut Danjuma entra en declive competitivo en el Valencia CF y su bajón coincide con uno de los peores ataques de LaLiga

Periodista Deportivo |

El rendimiento de Danjuma preocupa en Mestalla. El neerlandés, que llegó con el cartel de figura, pesa cada vez menos en el ataque blanquinegro.

La travesía de Arnaut Danjuma en el Valencia tomó un giro inquietante. Lo que comenzó con chispa y apariencia de fichaje diferencial se fue apagando hasta dejar un rastro de incertidumbre en el proyecto de Corberán, que navega nuevamente en un mar de desilusión.

El entrenador de Cheste sabe que reactivar al ex Villarreal es una urgencia casi estratégica. Sin su versión más vertical y dañina, el blanquinegro pierde una pieza clave para desatascar partidos y recuperar fuerza en un tramo de la temporada donde cada detalle empieza a ser oro.

De mayor a menor

Sus primeras semanas invitaban al entusiasmo: en siete partidos aportó tres goles, una asistencia, desborde y la sensación de que cada arrancada podía romper un partido. Pero desde aquella asistencia en Girona, el neerlandés parece haberse difuminado.

Siete jornadas sin participar en un gol en Liga hablan por sí solas, aunque preocupa más su desconexión del juego. Danjuma aparece poco, pierde en el uno contra uno y transmite una sensación de imprecisión propia de un futbolista sin confianza.

Sequía en el juego

El bajón del atacante coincide con un atasco colectivo que se volvió crónico en el Valencia. En ese tramo discreto, el conjunto de Corberán solo celebró cuatro tantos.

Los números del campeonato tampoco ayudan: 14 goles en toda la Liga y un ataque que figura entre los menos inspirados. La pólvora parece mojada y las soluciones contadas, lo que agrava la dependencia de los pocos focos de talento disponibles.

El Atlético, su víctima preferida

Con Danjuma apuntando a la titularidad, el Valencia se aferra a las estadísticas para mostrar su lado optimista. El Atlético históricamente ha sufrido su zancada y, sobre todo, su puntería: tres duelos, tres goles, un pleno que le convierte en amenaza recurrente.

Su idilio con el conjunto rojiblanco nació en 2018, cuando aún vestía los colores del Brujas y clavó en Champions un zurdazo memorable ante Oblak.

Después llegaron los dos zarpazos con el Villarreal, uno en el vibrante 2-2 de la temporada 20-21 y otro en su reencuentro de 24-25, reafirmando una tendencia que ya es casi superstición. En Mestalla prenden velas para que se agrande la estadística.