SOS en Mestalla: Los rivales del Valencia aprietan en la cola

Periodista Deportivo |

El blanquinegro se hunde en una profunda crisis y el fantasma del descenso lo acecha. Solo ganó uno de los últimos 14 partidos ligueros.

La lógica invitaba a aprender del golpe, a no repetir el error y a blindar al Valencia antes de que el vértigo regresara. Pero la realidad vuelve a ser cruel, con un club atrapado entre decisiones erráticas y respuestas insuficientes. Por segundo año seguido, el descenso aparece como amenaza real.

El equipo de Corberán camina con números que no sostienen ningún discurso optimista. Diecisiete puntos en 19 jornadas son un botín escaso. La permanencia exige otro ritmo, otra ambición y otra convicción. Para colmo, los rivales directos de la zona de abajo empiezan a sumar puntos.

Una primera vuelta desastrosa

Mestalla vuelve a mirar al abismo. Esta primera vuelta ya figura entre las más pobres del Valencia en más de un siglo de vida. Solo dos precedentes empeoran el panorama, ambos recordados como temporadas de sufrimiento extremo.

El Valencia se desliza por una pendiente cada vez más empinada, atrapado en una racha que ya suma seis jornadas sin ganar. Desde aquel derbi ante el Levante en Mestalla, el 21 de noviembre, solo se vislumbra frustración y puntos perdidos. Una victoria en 14 partidos refleja la impotencia del elenco che.

Los competidores salen a flote

El Girona entendió a la perfección dónde se decide su campeonato. Seis puntos de seis ante rivales directos le permiten inhalar oxígeno y, de paso, empujar a otros al alambre.

Por su parte, Real Oviedo y Getafe viven realidades opuestas en sensaciones y urgencias. Los asturianos suman poco, pero juegan mejor con la llegada de Almada y recuperan fe; los azulones apenas rascan un punto y llegan con el pulso temblando. Su cruce con el Valencia huele a partido límite.

La afición estalla

Mestalla volvió a ser altavoz del descontento cuando cerca de trescientos aficionados se congregaron a la salida del estadio. El empate ante el Elche fue la chispa que encendió una protesta dirigida al rumbo deportivo y a la gestión de la propiedad.

El descenso al cierre de la primera vuelta tensó la cuerda hasta romperla. Hubo pitos, pañuelos y gritos contra todos, desde el banquillo hasta el palco. La afición ya no pide explicaciones: exige cambios.