El Valencia CF se enfrenta a la urgencia de cerrar la salida de Sergi Canós antes del cierre del mercado, mientras gestiona la marcha de Guillamón al Hadjuk Split y prepara la llegada de refuerzos como Ramazani y Sadiq
El calendario avanza con la crueldad de un reloj sin compasión, y el Valencia CF siente en su nuca la presión del cierre de mercado. Entre los nombres que flotan en la orilla de la incertidumbre está Sergi Canós, el extremo de Nules que, a pesar de su vínculo sentimental con Mestalla, se ha convertido en una carga difícil de sostener. No llegan ofertas sólidas, no hay destino claro, y la directiva ve en él la necesidad urgente de liberar una ficha y un salario que pesan más que sus minutos en el césped.
En contraste, la salida de Hugo Guillamón parece escrita con tinta firme. El canterano, símbolo de la cantera blanquinegra, ya se encuentra en Croacia tras superar las pruebas médicas con el Hajduk Split. Su traspaso, que aliviará las arcas en unos 500.000 euros, no solo se percibe como un respiro económico, sino como el gesto que desbloquea la estrategia de última hora. Guillamón parte, y con su marcha, se abre espacio para nuevos movimientos. Paradójicamente, el adiós de uno de casa es lo que podría dar vida a los fichajes que tanto anhela el club.
Canós: el desacomodo necesario
Desde el inicio del verano, Corberán fue claro con Canós, no entraba en sus planes. Esa sinceridad, brutal en su transparencia, dejaba una única salida posible, buscar acomodo en otro lugar. Pero la realidad se ha empeñado en mostrar lo contrario. Apenas llamadas, propuestas débiles, rumores que no cuajan.
Mientras, el Valencia observa cómo la permanencia del extremo bloquea el efecto dominó que debería facilitar la llegada de nuevas piezas. Canós no es ya un jugador en la plantilla, sino una incógnita que urge resolver, un nudo en la cuerda que impide que el resto del engranaje funcione. Cada día que pasa sin desenlace convierte su situación en una sombra que se extiende sobre los planes del club, ni está para ser protagonista en el césped, ni su salida parece sencilla de ejecutar.
Ramazani y Sadiq: las piezas en espera
La operación que libera a Guillamón tiene un destinatario inmediato, Largie Ramazani, el extremo que gusta en Paterna y cuya llegada parece inminente. Pero no es el único. Entre bambalinas, la directiva guarda un hueco para Umar Sadiq, delantero de fuerza y desborde, concebido como el golpe de efecto para revitalizar el ataque. Sin embargo, cada paso depende de lo mismo, encontrar una salida a Canós. Como en un tablero de ajedrez, ninguna pieza puede moverse si el peón atascado no avanza.
Faltan apenas días, quizá horas, y el Valencia se aferra a la posibilidad de que alguna oferta llegue por Canós. La esperanza convive con la angustia, como suele suceder en estos tramos finales del mercado donde las decisiones se toman al filo del reloj. Para el club, más que un fichaje o una venta, se trata de un equilibrio vital, ordenar la plantilla, cuadrar las cuentas, y recuperar algo de aire antes de que el telón caiga. El futuro de Sergi Canós no es solo una negociación pendiente, sino el reflejo de la fragilidad de un Valencia que, como tantas veces, camina en el límite entre la necesidad y la desesperación.