El técnico del Villarreal admite que a su equipo «le quemaba el balón» en una primera parte de máxima igualdad
El empate cosechado este viernes en Mendizorroza ha dejado un sabor agridulce en la expedición del Villarreal CF. Tras el pitido final, Marcelino García Toral compareció ante los medios con un análisis pragmático y sincero sobre lo ocurrido en el césped. En este marzo de dos mil veintiséis, el técnico asturiano reconoció que, aunque el objetivo era la victoria, el reparto de puntos fue el desenlace más lógico para un duelo donde ninguno de los dos conjuntos logró imponer su ley con claridad:
«El resultado es justo porque no merecimos ganar ninguno de los dos», sentenció con la claridad que le caracteriza.
Un balance defensivo notable frente a la precipitación con el esférico
Marcelino definió el choque como un enfrentamiento áspero y poco vistoso para el espectador, condicionado por la intensidad del Deportivo Alavés en las segundas jugadas. A pesar de las dificultades para generar fútbol fluido, el entrenador quiso poner en valor el trabajo de su retaguardia:
- Solidez atrás: El técnico se mostró satisfecho por no haber concedido apenas oportunidades claras al rival, destacando el rigor táctico de su línea defensiva.
- Autocrítica con balón: No obstante, fue duro con la puesta en escena inicial. «En la primera parte era como si nos quemase el balón», confesó, lamentando la falta de pausa y la precipitación de sus jugadores durante los primeros cuarenta y cinco minutos.
La reacción tras el descanso y el factor diferencial de Pépé
La mejoría del Villarreal llegó en la segunda mitad gracias a los ajustes desde el banquillo. La entrada de futbolistas con mayor capacidad de asociación y movilidad en espacios reducidos permitió al conjunto amarillo recuperar el control del juego, justo cuando el gol del Alavés más complicaba el panorama.
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En este contexto, el técnico valoró positivamente el tanto del empate, obra de un Nicolas Pépé que parece recuperar su mejor versión en el momento decisivo del curso. El gol no solo rescató un punto, sino que supone un impulso moral para un equipo que tuvo que remar contra corriente durante gran parte del duelo.
Un punto que sabe a poco pero suma en la pelea europea
Pese a la ambición de sumar de tres en tres, el cuerpo técnico amarillo prefiere quedarse con la capacidad de reacción mostrada en un escenario siempre complicado como el feudo vitoriano. Marcelino confía en que este empate sirva como punto de inflexión para corregir los errores en la circulación de balón de cara a los próximos compromisos.
Con la lucha por las plazas continentales al rojo vivo, el Villarreal sabe que cada detalle cuenta, y la efectividad de sus atacantes, sumada a la solidez defensiva recuperada, será la clave para escalar posiciones en el tramo final de esta temporada dos mil veintiséis.





