El técnico destaca los 26 puntos de 36 posibles, pide humildad y celebra la recuperación de piezas claves en ataque
Victoria, portería a cero y sensaciones de equipo grande. Tres frases que explican el estado del Villarreal CF después de ganar 0-2 al RCD Espanyol en el RCDE Stadium, donde el conjunto de Marcelino García Toral volvió a mostrar una madurez competitiva que asusta. El técnico no sacó pecho, pero sí dejó claro que su equipo va por un camino que ilusiona.
Tras el partido, el entrenador atendió a DAZN y lanzó un mensaje que mezcla orgullo, ambición y prudencia. “Tener 26 puntos de 36 es una barbaridad”, afirmó. Y no es para menos: son números de Champions, ritmo de aspirante y una continuidad que hacía tiempo no se veía en un Villarreal con turbulencias en temporadas recientes. Sin embargo, el mensaje de Marcelino fue directo: ni euforia, ni ruido innecesario, ni mirar más allá del siguiente partido. La receta es la de siempre: trabajo, humildad y exigencia diaria.
“Esta plantilla tiene mucho margen de mejora”
El entrenador asturiano insistió en algo que no suele escucharse de un equipo que gana y convence: puede jugar mejor. Puede dominar más. Puede tener más recursos ofensivos. Puede crecer. Es una frase que podría pasar desapercibida, pero que explica por qué el vestuario está en guardia. El Villarreal CF no se conforma.
Marcelino lo subrayó varias veces: “Tenemos una plantilla muy buena”. Y no lo dijo como halago vacío, lo dijo como un plan. El técnico está recuperando jugadores en ataque, afinando automatismos y encontrando alternativas que antes ni siquiera existían. Y, cuando sonríe la enfermería y mejora el fondo de banquillo, la competitividad explota.
La mejor prueba es la aparición de Alberto Moleiro, autor del segundo gol. El canario llegó con etiqueta de talento puro, pero aún en proceso de cocción. Marcelino lo dejó claro: “Tiene mucho potencial. Su mejor versión está por venir”. Lo está integrando con calma, dándole minutos que no queman, sino que construyen. Y el futbolista responde: cada partido se siente un poco más listo, un poco más rápido, un poco más protagonista.
Gerard Moreno, sonriendo otra vez con el gol
El otro nombre propio de la noche fue Gerard Moreno. El capitán ofensivo, el alma del área, el atacante más determinante de la plantilla volvió a marcar. Lleva tres jornadas consecutivas viendo puerta y eso, en él, significa dos cosas: la confianza está de vuelta y el cuerpo acompaña.
El técnico lo dijo sin rodeos: “Estamos muy contentos de poder contar con él”. Y hay una razón poderosa. En los últimos años, Gerard ha convivido demasiado con lesiones, microlesiones y recaídas que le robaron continuidad. En cuanto encadena partidos, el Villarreal se vuelve un equipo más profundo, más imprevisible y más punzante. Si Gerard está sano, el Villarreal es otro.
Y eso no solo lo nota el entrenador. Se nota en el ritmo de juego, en la personalidad ofensiva, en las decisiones de ataque y en la forma en que el rival defiende. Con Gerard en forma, el Villarreal intimida.

Un vestuario que funciona como bloque
El técnico lanzó un elogio colectivo que define el ambiente interno: “Estoy agradecido a los jugadores porque tienen buena actitud, calidad y cohesión”. Es el tipo de frase que suele escucharse cuando todo va bien, pero hay hechos que la respaldan: presión alta coordinada, solidaridad defensiva, banquillo conectado y futbolistas que entran desde atrás con impacto inmediato.
No hay superestrellas desconectadas. No hay grietas en el mensaje. No hay señales de complacencia. Y eso explica los puntos.




