El Submarino Amarillo volvió a dejar una imagen preocupante fuera de casa. Moleiro fue el vivo retrato de la decepción en Girona.
El Villarreal ofreció una actuación deslucida en Montilivi y desaprovechó la oportunidad de afianzar el tercer puesto tras la derrota del Atlético ante el Barcelona. Los de Marcelino no lograron disparar ni una sola vez a portería, reflejando una falta de claridad ofensiva alarmante.
El Girona, bien organizado y sólido en defensa, anuló por completo a los groguets. Cada intento amarillo fue bloqueado, mientras los centrales y laterales del conjunto catalán se mostraban firmes y concentrados, provocando la frustración del ataque visitante.
Los cambios introducidos por el técnico asturiano no lograron revertir la situación, y ninguno de los suplentes aportó frescura al ataque. Alberto Moleiro, titular y referente del equipo, quedó lejos de su nivel habitual, con un 81% de acierto en el pase y sin generar ocasiones. Su frustración al abandonar el campo en el minuto 70, cubriéndose con el abrigo, resumió la sensación de impotencia del Villarreal.
Verticalidad en pausa
El tinerfeño arrancó la temporada como el gran desequilibrador del Villarreal, acumulando nueve goles y cuatro asistencias. Sin embargo, el desglose por tramos muestra una realidad inquietante: seis goles y dos asistencias se concentraron en la primera vuelta, mientras que en la segunda apenas suma tres tantos y dos pases decisivos.
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La caída de influencia del canario se ha traducido en un equipo menos fluido en la transición ofensiva. Donde antes había pausa para encontrar el pase clave, ahora aparecen conducciones largas y disparos forzados que terminan en pérdida. La previsibilidad aumentó y la verticalidad se diluyó.
El contexto agrava la situación: la segunda vuelta de LaLiga somete a los jugadores diferenciales a mayor presión y estudio táctico. Recuperar la mejor versión de Moleiro es imperativo para que el Villarreal no pierda el podio en la recta final del campeonato.
Marcelino y un baño de autocrítica
El entrenador del Villarreal se marchó del encuentro en Girona visiblemente disgustado, especialmente por el primer tiempo de su equipo, muy alejado del nivel que exige y del que es capaz su equipo. El técnico destacó la disparidad mostrada respecto al 3-1 logrado ante la Real Sociedad.
En su valoración, Marcelino subrayó que el rival dominó pese a no generar mucho peligro, mientras que las salidas amarillas no lograron traducirse en oportunidades claras. «Si hubiéramos jugado los 90 minutos como en la segunda parte, nuestras opciones de un resultado positivo habrían sido mayores», concluyó el técnico.





