El dibujo inicial de Marcelino suele ser un 4-4-2, pero su transformación posterior activa automatismos que ordenan todo el comportamiento amarillo
El Villarreal CF llega a Anoeta con una idea reconocible y llena de matices que cambian según la altura del bloque. El equipo de Marcelino arranca desde un 4-4-2 clásico, pero lo usa como plataforma flexible. Esa versatilidad exige lecturas rápidas, porque las piezas se mueven como un mecanismo que se ajusta al instante. Para la Real Sociedad, descifrar cuándo se activa cada estructura será casi tan importante como competir cada duelo.
El once probable refleja estabilidad en roles y jerarquías. Luiz Júnior sostiene la salida corta, mientras Foyth, Marín, Veiga y Pedraza construyen el primer esqueleto posicional. Por delante, Gueye y Comesaña marcan el ritmo del bloque medio. Más arriba, Moleiro, Mikautadze, Gerard y Buchanan alternan alturas y ocupaciones interiores con mucha libertad.
Cuando el Villarreal repliega en bloque medio-bajo, el 4-4-2 se estrecha y condiciona todas las líneas de pase interiores del rival
En esta fase aparece la versión más reconocible del sistema. El conjunto amarillo junta líneas, reduce distancias y cierra pasillos con una disciplina muy característica. La medular se achica para obligar a circular fuera y para evitar que los mediapuntas rivales reciban entre líneas. El problema para el oponente surge cuando necesita progresar por dentro sin espacios ni ritmo cómodo.
Los vértices laterales del cuadrado defensivo no siempre compensan bien las basculaciones. Esa pequeña grieta suele abrir momentos de desajuste, especialmente cuando el rival cambia rápido de orientación. Ahí, la Real Sociedad podría activar a sus interiores para recibir de cara y girar. Este punto ya generó problemas al Villarreal en Cornellà, donde el RCD Espanyol encontró superioridades interiores replicando su estructura.

Con posesión asentada, el Villarreal muta hacia un 3-4-2-1 que junta a ocho futbolistas por dentro y multiplica las líneas de pase interiores
Aquí aparece la transformación clave del proyecto de Marcelino. Foyth se mete dentro como tercer central, Pedraza se convierte en carrilero y el extremo izquierdo pasa a ser mediapunta. Además, uno de los delanteros abandona la referencia para caer dentro y activar el cuadrado ofensivo. Esto genera un espacio exterior muy largo para el carril progresivo y un interior densificado que busca recibir siempre entre líneas.
La variante más empleada consiste en que uno de los puntas generalmente Gerard estira desmarcando, mientras el otro cae a la mediapunta para reforzar la zona creativa. En la segunda versión, ambos extremos se meten dentro y un delantero pasa a ocupar el carril derecho. Esta estructura provoca que, si el rival rompe una línea, el Villarreal tenga que correr hacia atrás con muchos jugadores por dentro.
La Real Sociedad ya probó este mismo dibujo en El Sadar. Es probable que repita esa idea para atacar el rombo amarillo y fijar a los carriles. El duelo, visto así, será más una partida táctica que un intercambio frenético.





