Interiorizar la mentira

El final de Liga se antoja aburrido. No podemos pelear el campeonato al Barcelona y la distancia que sacamos al cuarto clasificado debería ser suficiente para entrar en puestos Champions sin jugar la previa.

De aquí a final de temporada, deportivamente, solo nos quedan dos objetivos: la final de Copa y conservar ese tercer puesto mientras luchamos por recuperar el segundo.

Exceptuando la pronta eliminación de la Europa League, no parece que haya sido mala temporada, más si tenemos en cuenta de donde veníamos y con el interrogante de hacia dónde vamos. Y es aquí, precisamente, donde me gustaría parar un momento para hacer una breve reflexión.

El Club parece que lo está haciendo bien. La política de renovaciones no sólo parece coherente sino que además es inteligente como en el caso del Cholo. La apuesta por un proyecto largo que vaya madurando a los canteranos e integrándolos dentro de un grupo que parece sólido, es sin duda, una apuesta clara y acertada.

Pero, ¿cuál es la finalidad de este proyecto?

La idea que transmite el club a la afición es seguir creciendo con el objeto de competir con los más grandes. Sin duda alguna es lógica pura. Dar continuidad a algo que ha funcionado y mejorarlo poco a poco.

Pero no descarto que alguien haya torcido el gesto y haya pensando en una gallina de huevos de oro que le ayude a pagar deudas de alcaldías y producciones cinematográficas. No, no estoy con la cantinela verde y oro de siempre. Me explico.

Si el Club de verdad apuesta por un Atletico de Madrid que compita con Real Madrid y Barcelona, supongo que no se le habrá pasado por la cabeza vender a sus mejores jugadores. Los mantendría como mínimo, y les buscaría algún acompañante de calidad, como máximo, mientras integra a los talentos de la cantera.

Pero si el Club, perdón, la SAD Atletico de Madrid, apuesta por los ingresos sostenibles de las cuentas de dos prescritos, les interesará tener un equipo que como mucho aspire a entrar en Champions y cada dos años vender a sus estrellas para quedarse como está, en el mejor de los casos. No conviene superar ese umbral de exigencia. Una dormidina para el aficionado que se contenta con entrar en la Champions sin necesidad de competir por la Liga.

Siendo más claro. A Gil Marín no le interesa competir contra el Madrid y el Barcelona. Le interesa seguir comprando y vendiendo jugadores caros a equipos que pretenden ser más grandes que el suyo. El trabajo previo de identificarse con una estrella en este Atleti desapareció hace años.

La afición ha interiorizado las mentiras y que los grandes jugadores estén de paso, porque les han dicho que hay una deuda terrible, que el fútbol es una mentira y que los salvadores del club están por el amor a los colores, a la M30 y al cine.

Simeone es un gran entrenador sin la categoría de Dios que algunos necesitan darle. Es una gran pantalla de emociones y cortina de humo de aquellos que siguen operando en la sombra. Si con poco ha hecho mucho, imaginad con más donde podría llegar.

Puede que no te duela la marcha de Falcao, Kun, Torres o Diego. A mí, me duele que no te duela.

Pavard