La Bundesliga es un modelo exitoso

El campeón de la Champions será alemán y la liga de su país ya no se podrá ignorar ALEMANIA.-Este sábado, en Wembley, se disputa el trofeo más importante del fútbol internacional a nivel de clubes: la Champions League. Ese es el escenario pricipal, el que se observa a primera vista, porque detrás del telón hay algo mucho más importante en juego: la ratificación absoluta del nuevo peso que el balompié de Alemania tienen en Europa y el mundo.   Bayern Múnich y el Borussia Dortmund son los equipos emblemáticos de la Bundesliga en los últimos años. El club de Múnich siempre ha sido un gigante internacional y recientemente ha enfocado su trabajo en renovarse a sí mismo para ponerse a la altura de la época; el Borussia representa el fútbol emergente, dinámico y moderno, el fútbol actual y del futuro.   Pero la verdad es que el Bayern y el Dortmund, cuyos partidos entre sí han sido promocionados internacionalmente con éxito como el “Bundesclásico”, es decir, la versión alemana del Clásico entre Real Madrid y Barcelona, son los estandartes de una revolución en el fútbol, los dos clubes que marchan al frente de un cambio total en la manera de practicar y administrar el deporte más popular del mundo.   Alemania es ejemplo modelo en cuanto a la estructura de su campeonato, del manejo de las bases tanto de jugadores como de aficionados, del sano y eficiente manejo de sus finanzas, de la administración de sus recursos, y de la modernización del balompié en todos sus niveles, incluida la arquitectura de sus estadios, pasando por el respaldo a las canteras, el surgimiento de nuevos talentos juveniles, y terminando con la presentación de propuestas nuevas en materia de sistema, táctica y estrategia del juego.   Pero Alemania, sin grandes títulos internacionales de los cuales presumir en el pasado reciente, termina siendo un modelo ejemplar silencioso, sin gran repercusión, de cuyas dimensiones sólo son testigos aquellos que viven día a día imersos en el tema.    Aquí es donde la final de la Champions League en Londres adquiere una gran importancia y se constituye en un hito para la historia del fútbol internacional. La carencia de reconocimiento, esa invisibilidad de la Bundesliga y el fútbol alemán, terminó esta  temporada cuando Dortmund y Bayern arrollaron -que no sólo vencieron- al Real Madrid y al Barcelona, los dos equipos “non plus ultra”.   Ahora lo que viene es la ratificación, el campeón de la Champions será alemán, y la liga de su país ya no se podrá ignorar internacionalmente, mucho menos desconocer lo que allí está sucediendo en bien del fútbol. Porque es que no habría nada más equivocado que pensar que la presencia del Dortmund y el Bayern en Wembley es fruto del azar.   No, este es el resultado de una historia que inició hace excatamente 13 años, cuando decepcionados por los resultados en la Eurocopa del 2000, donde la selección alemana fue eliminanda en la primera ronda siendo última de su grupo, los responsables del balompié teutón decidieron darle un “revolcón” a sus estructuras.   Una de las primeras medidas que se tomaron, a la luz de hoy también la más efectiva, fue la de crear el marco de transición de la identidad futbolística del país. En vez de seguir viviendo de su fortaleza y espíritu de lucha, los alemanes querían que a esas dos características se le sumaran el talento técnico y la riqueza táctica. A la disciplina se le debía agregar vistosidad, plasticidad y gracia.   Todos los equipos profesionales se comprometieron entonces a crear academias de fútbol como parte del organigrama de sus clubes, se obligaron a formar jugadores jóvenes siguiendo el patrón concertado con la Federación Alemana de Fútbol (DFB), y aceptaron apostarle a la cantera respetando el concenso de promover regularmente al primer equipo a futbolistas de sus divisiones inferiores.   En Wembley se verán los frutos: 13 jugadores que disputarán la final de la Champions League son hijos de este programa, y todos representan al nuevo fútbol alemán, gracil y contundente. Mario Goetze, Marco Reus, Matt Hummels, Thomas Mueller, Marcel Schmelzer, Manuel Neuer y Bastian Schweinsteiger son sólo algunos ejemplos.   Y así como se pensó a largo plazo en el objetivo de crear a los jugadores del mañana, también se establecieron las condiciones para contar con una economía saludable. En Alemania, desde entonces, se respeta el principio de no gastar más de lo que se tiene. La Bundesliga, observando de reojo lo que sucede por ejemplo en España, donde en conjunto los clubes cargan deudas de casi 4.000 millones de euro, decidió sanear sus finanzas.   Los clubes alemanes llevan varios años sin arrojar perdidas, y la mayoría de ellos se han liberado de los compromisos moratorios del pasado de tal forma que con sus ingresos les es posible asumir sus gastos sin tener que acudir a créditos. En los inflacionarios mercados del fútbol internacional, las ligas más importantes visitan Alemania para aprender cómo se administra el fútbol de forma mesurada sin sacrificar el alto nivel deportivo ni traspasarle los costos a los aficionados.   Este último punto es la verdadera columna vertrebral del fútbol alemán: la cultura del aficionado. En el año 2000, aquel en el que se transformó el balompié de Alemania (y colateralmente el del resto del mundo), se determinó que “el fútbol le pertence al público”, por ende al hinha se le respeta (y el hincha ofrece su respeto) y se le tienen en cuenta.    Los clubes le pertenecen en un 51%, ellos son los accionistas mayoritarios en la Bundesliga, y su acceso a los estadios, partido tras partido llenos completamente, se garantiza a traves de una política de precios a bajo costo que hacen del fútbol alemán el más barato para el espectador entre las grandes ligas del mundo (desde 12 euros hasta 56 la más cara en la tribuna general).   Todos estos aspectos, que conocían hasta ahora sólo los especialistas, ocupan ahora la atención de todo el mundo gracias a la final que en Wembley jugarán Dortmund y Bayern. Pero como bien dijo el entrenador de la selección de Suiza Ottmar Hitzfeld, quien ganó para Alemania los dós más recientes en la Champions League, curiosamente en 1997 con el Dortmund, y en el 2001 con el Bayern, “en la Bundesliga se está jugando desde hace algún tiempo el fútbol del futuro, sólo falta el reconocimiento que dan los grandes títulos”.   Lea Mañana la historia de cómo el Bayern, con un préstamo secreto, rescató al Dormund de la quiebra, y cuál fue el aporte del Dortmund al renacimiento de la dominancia del Bayern esta temporada.