La furia del Bósforo… por DIEGO TORRES

Felipe Melo,el mediocentro brasileño del Galatasaray, lleva media carrera intimidando a sus propios compañerosLos precursores del fútbol moderno nunca chocaban. Los maestros sudamericanos, incluso los más aguerridos, como Di Stéfano, consideraron, hace ya más de medio siglo, que el contacto físico era señal de torpeza. Los que pegaban, como Pipo Rossi, lo hacían más por gusto que por seguir una corriente estilística y, en ningún caso inspiraban sucesión. El Mundial de 1994 cambió el paradigma cuando los brasileños se admiraron ante hombres como Dunga. Pronto surgieron gente como César Sampaio, Vampeta, o Rochemback. Estos pioneros del furor encendieron la llama en una multitud de niños que compitieron a empujones por un lugar en la excelencia de los medios-trinquetes, o trincos,como les llaman en Brasil. De la destilación del torbellino emergieron perlas que hacen fortuna en el fútbol europeo. Pepe es el representante de la escuela en España. En Estambul, el delegado milita en el Galatasaray se llama Felipe Melo. El miércoles se encontrarán en el Bernabéu. Melo nació en 1983 en Volta Redonda, un distrito industrial de Río bien tapado por los morros. Tenía bastante clase pero la debió disimular. Tal vez porque en sus tiempos de formación se reclamaba imponerse físicamente, se aficionó a rascar tibias. Debutó en el Flamengo con 17 años y pasó fugazmente por el Gremio y el Mallorca. A los 24 se encontró en el Racing de Santander aislado y sin horizonte. Temerosos de que cualquier día en un entrenamiento los mandara al hospital, los compañeros le hicieron el vacío. Los directivos no sabían cómo venderlo. Unai Emery, que entrenaba al Almería, vio la ocasión única de fichar a un genio a precio de saldo. Corría la primavera de 2007.“Cuando vino al Almería tenía 24 años”, recuerda Emery. “Él ya en el Mundial Sub-20 con Brasil destacó y le estábamos siguiendo. Venía de una barriada y culturalmente no era un chaval formado pero tenía ben buen corazón. Su padre era muy exigente con él porque él lo sustentaba con el fútbol… a él y a parte de su familia. Hice varias consultas en el vestuario del Racing y ahí no se integró. Tenía un carácter indomable. Los jugadores no le aceptaban. Había un rechazo, no futbolístico sino personal. Pagamos 2,5 millones de euros de traspaso”.Nadie supo administrar con más tacto que Emery la furia de Melo. “Procuramos”, dice el técnico, “potenciar su virtud intentando domar sus defectos. La verdad que el chaval… Seguía teniendo ramalazos, porque llegó a pegarse en un entrenamiento con otro jugador al que atacó… Los jugadores nunca llegaron a conectar del todo con él pero yo le insistí en que tenía que ser humilde, que estaba de paso para relanzar su carrera, y él cumplió con lo que más o menos habíamos pactado. Había que entender sus inicios. Había llevado una vida de supervivencia”.Álvaro Negredo, que fue punta del Almería, rememora su gusto por la fricción: “Tenía mucho temperamento. Le gustaba muchísimo jugar al fútbol, tener el balón y chocar con los contrarios. Es un mediocentro muy ofensivo. Siempre ha tenido muchísima llegada, muchísima potencia. Nos dio vida”.“Él tenía capacidad de hacer de Xabi Alonso”, observa Emery, “para distribuir con mucha fuerza, con mucha recuperación en el contacto, dominando del juego aéreo; y luego tenía una llegada mortal en jugadas desde la segunda línea. Abríamos a banda y su incorporación al área de cabeza era fortísima”.“Es una fuerza sobrehumana”, concluye el actual técnico del Sevilla, “y a veces ese descontrol se le veía en los entrenamientos. Yo llegué a decirle: 'Ese poderío que tienes tú, Felipe, todos aquí ya lo conocemos. En los entrenamientos si quieres no lo demuestres. Porque la gente pueden pensar que quieres demostrar que te sientes por encima de los demás y…'. A final de temporada lo traspasaron a la Fiorentina por siete millones de euros y algún jugador me llegó a decir: 'Le has consentido demasiado a Felipe Melo'. Y yo dije: '¡Con todo lo que nos ha dado que me digas eso me parece injusto!”.Melo triunfó en la Fiorentina y la Juve lo compró por 25 millones. Dunga lo llevó al Mundial de 2010, en donde se hizo expulsar el día que eliminaron a Brasil. En 2011, el equipo italiano lo puso en el mercado como quien entierra material radiactivo: fue al Galatasaray. Ahí le rebautizaron: Pitbull.DIEGO TORRES / elpais.com
Real Madrid Mbappé