La margarita de Simeone

Cuando el Atleti se desvía un milímetro del manual quedan al descubierto sus carencias más inconfesables. A veces el desvío se produce por causas propias, y otras, porque el rival no le deja explotar tus propias virtudes. El partido contra la Real Sociedad fue una mezcla de ambas circunstancias: en algunos momentos los donostiarras neutralizaron el juego rojiblanco a base de pasarse la pelota, sobre todo desde la mitad de la primera parte hasta el descanso y en otros, como en la segunda parte, porque su defensa se parapetó con gran eficacia cerca del marco de Bravo.

El caso es que el Atlético de Madrid se vio impotente para superar a su rival de anoche. En ningún momento pudo, y lo que es peor, ni siquiera dio la sensación de poder hacerlo. El partido estaba perdido desde el gol de Prieto. Son de esos partidos en los que se ve que no habrá forma de remontarlo, ni tan siquiera de igualar la contienda aunque estuvieran jugando toda la noche.

Con sus mejores peloteros: Arda y Koke diluidos durante la segunda mitad, sólo Diego Costa explotó su poderío en algunas jugadas en las que no tuvo el acierto final de que ha hecho gala en los últimos meses. Ningún jugador que no fuera el brasileño superaba a su par. Nadie más que Costa llevaba peligro al área contraria.

Fue una última media hora agónica que reflejó los escasos recursos de la plantilla cuando en el partido hay que apelar a cuestiones puramente futbolísticas más allá de las ganas, la presión y el empuje. Y eso es lo que le falta al Atlético de Madrid: centrocampistas de calidad que puedan canalizar el juego de ataque, especialistas en dar el último pase, jugadores que puedan realizar una jugada personal que desequilibre al equipo contrario y, por tanto, el partido.

Se reclamó con insistencia la presencia en el césped de Óliver Torres. Creo, aunque sea muy aventurado decirlo, que tampoco el joven canterano hubiera podido voltear el sino del partido. Eso nunca lo sabremos. Por decirlo claramente, el problema del partido de ayer va más allá de sacar a un jugador u otro. Creo que es más profundo: Simeone tiene pocos recursos para tratar de influir, desde el banquillo, en el partido. Ayer, salvo el comentado caso de Torres, sacó a los dos jugadores que tenía: Adrián y Raúl García. No había otras posibilidades.

La impresión que me deja Simeone respecto a Óliver es que aún no ha decidido qué hacer con él. La afición sabe que está en el banquillo y lo reclama para verlo jugar, y más si el partido está tan obtuso como el de ayer. Pero el entrenador no se deja llevar por la presión de la grada. Aún no ha encontrado el momento oportuno. Sería más fácil conceder el gusto a la afición de verlo jugar y escudarse en el chaval para sortear las críticas.

Lo que sí que creo es que Simeone tiene que pensar y reflexionar seriamente  El entrenador todavía no tiene un problema, pero puede tenerlo si los aficionados siguen pensando que quien se queda en el banquillo puede mejorar a quien está en el césped. Por eso se hace necesario definir definitivamente cuál es el papel que debe tener Óliver en lo que queda de temporada porque tampoco parece muy sincero marear al chico y tenerlo sin jugar dos de cada tres fines de semana.

¿Quieres compartir la noticia?
Share on twitter
Share on whatsapp
Share on facebook
Ultimas noticias en Elgodigital
El último escándalo del FC Barcelona antes de ver caer a Bartomeu
Dos fichajes rotundos de la SD Huesca para garantizar la permanencia
El gran fichaje del Real Madrid en las rebajas del Chelsea