Maradona, la FIFA, Jordi Évole y la Ley del Silencio

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Jordi Évole pone al desnudo al deporte rey. Foto: LaSexta.

Si alguien piensa que el mundo del fútbol está en buenas manos es que no visualizó el programa  “Salvados” en LaSexta. Representantes de jugadores que trafican con niños del tercer mundo, las corruptelas de la FIFA y el despilfarro económico de algunos clubes, han destapado de alguna manera lo que muchos sabíamos pero que pocos medios se atreven a denunciar por intereses económicos y por el rechazo social que planea cuando alguien pone al fútbol en el punto de mira.

El fútbol forma parte de las emociones colectivas, propicia la identificación de los aficionados con un equipo, incorpora una competición además de deportiva también identitaria con un territorio o nación, distrae a un gran número de ciudadanos de las miserias y dificultades cotidianas, procura beneficios económicos para determinadas cadenas de televisión que pagan derechos estratosféricos para ganar altas cuotas de audiencia que se rentabilizan con una publicidad cara, ofrece las más altas audiencias en programas de radio o televisión y nutre de contenidos los diarios deportivos a lo largo y ancho del globo. Y es que no hay país en el que no se juegue al deporte rey.

El fútbol es un deporte que mueve masas, sentimientos, pasiones y mucho dinero, también poder que se utiliza para blanquear, evadir impuestos y demás delitos económicos especialmente inmorales e inaceptables en la actual situación económica mundial. Jordi Évole solo ha puesto el dedo en la llaga pero no ha sido el único. Mitos del fútbol como Maradona, Romario o Chilavert, llevan años denunciando las prácticas mafiosas del máximo órgano del fútbol Mundial, la FIFA. Y cuando en el tejado hay goteras el agua se filtra por todos los estamentos y organizaciones se llamen UEFA, Conmebol, FC Barcelona, PSG o Racing de Santander, hasta prostituir a un deporte que desde 1863 apasiona a medio mundo.

Pero esto no siempre fue así. Hubo un tiempo en el que el futbolista se identificaba con unos colores, negociaba sus contratos y donde el dinero no era lo más importante. Hoy el negocio ha sustituido al deporte, la pasión se utiliza como bálsamo de masas y algunos personajes sin escrúpulos juegan con las ilusiones de todos los aficionados, en especial las de los niños.

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Vista del estadio de Maracaná rodeado de favelas. Foto: Wikipedia.

El Mundial de Brasil 2014 será un termómetro social donde confluirán el despilfarro, la corrupción y el descontento social en un país que no recibirá ni un euro vía impuestos por organizar el evento. Todo lo recaudado irá a engrosar los 1.300 millones que la FIFA tiene en una cuenta en un banco suizo. Algo vergonzante en un nación en la que su economía ha crecido un 46% en estos últimos años pero irónicamente ha aumentado el número de personas que viven en favelas que asciende a más de 11 millones de habitantes.

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Blatter y Villar son dos personajes bajo sospecha. Foto: Agencias.

España no sale muy bien parada. Deudas con hacienda, jugadores que no cobran, clubes que desaparecen, Del Nido, Jesús Gil, Sandro Rosell, el nuevo Mestalla son el fiel reflejo de una casta empresarial que utiliza el fútbol para lucrarse. Mientras tanto la otra “casta”, la política, mira hacia otro lado e incluso participa del circo y la popularidad que le otorga apoyar a ciertos personajes poderosos de nuestro país, lejos de ser ajenos a esta realidad tantas veces corrupta, se han comportado como verdaderos cómplices y propiciando la Ley del Silencio ejercida desde los medios. Politicuchos atraídos por la vanidad y el interés, gustan de figurar en los palcos del Bernabéu o del Camp Nou, se han amigado con presidentes y directivos de esas sociedades que han utilizado sus cargos deportivos para hacer negocios propios. Un capitalismo de palco que ha ido conformando una amigocracia que mueve el fútbol. Tan fructífera y rentable que hasta jeques pretenden hacerse con la propiedad de un club como plataforma de promoción y negocio.

Jordi Évole ha mostrado parte más podrida del fútbol, un deporte maravilloso pero suciamente conducido por personajes de dudosa reputación como Blatter, Villar o Michel Platini, una panda de corruptos que manchan la imagen del deporte más popular del mundo. Pero limpiar la casa del fútbol va a requerir de alta cirugía y compromiso social para que no se pierda la esencia que algunos quieren comprar a golpe de talonario. Que la FIFA y el fútbol en general estén sometidas a un control público en donde la transparencia sea la norma general. Solo entonces hablaremos de lo que ocurre en el terreno de juego.

 Escrito por Koldo Sandoval
 

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