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El combate que Ilia Topuria no puede dejar escapar

Ilia Topuria vive un momento decisivo en su carrera. Tras conquistar el título, el campeón español debe elegir con inteligencia a su próximo rival, en un escenario donde la lógica deportiva, el espectáculo mediático y los intereses económicos se entrecruzan

Ilia Topuria se encuentra en ese incómodo limbo que separa al campeón consolidado del gladiador en busca de validación eterna. Ha conquistado cinturones, ha derribado ídolos, ha demostrado que la sangre española también puede teñir de gloria el octágono. Sin embargo, la pregunta arde como una antorcha, ¿a quién debe enfrentarse ahora?. El nombre más evidente casi demasiado evidente es el de Arman Tsarukyan, actual número uno del ranking ligero. Su racha de cuatro victorias consecutivas lo ha convertido en el candidato natural, el rival que haría sonreír a los puristas y bostezar a los contadores de ingresos.

El duelo con Tsarukyan sería, en términos deportivos, una especie de examen de matemáticas, impecable en lógica, pero carente de emoción estética. Un combate justo, necesario, pero con el magnetismo de un teorema bien resuelto. Y es ahí donde empieza el drama, la coherencia rara vez llena estadios, y en la UFC, como en la vida, no siempre gana el más preparado, sino el más taquillero.

Las alternativas mediáticas: del espectáculo al negocio

Entra en escena Justin Gaethje, ese guerrero que pelea como si cada asalto fuera su último amanecer. Tres victorias en sus últimas cuatro peleas lo mantienen vigente, como un viejo rockero que, a pesar de los años, aún sabe destrozar guitarras. Sin embargo, el gran punto de quiebre lo puso sobre la mesa Dominick Cruz, quien con voz de exmonarca pragmático recordó la verdad incómoda, esto no va solo de cinturones, sino de bolsillos. Para Cruz, la opción dorada tiene nombre y acento británico, Paddy Pimblett.

“Somos boxeadores de premios”, dijo Cruz, resumiendo en una frase el ADN del deporte. Pimblett, con su lengua afilada y carisma de estrella pop, ofrece el espectáculo completo. Su sola presencia convierte una pelea en un carnaval mediático, y si la UFC vive de entradas y pay-per-view. ¿Cómo resistirse al imán de un showman que vende tanto con sus palabras como con sus puños?. Tsarukyan será la lógica; Pimblett, la rentabilidad. Y ahí, en ese contraste, se juega el futuro inmediato de Topuria.

Una rivalidad que huele a pólvora

El choque con Pimblett no nacería de un contrato, sino de una herida abierta. Ya en UFC 317, “The Baddy” se cruzó con Topuria tras su triunfo sobre Charles Oliveira, encendiendo una mecha que aún hoy chisporrotea. El británico lo encaró con descaro, y la respuesta del hispano-georgiano convirtió una simple provocación en enemistad declarada. Dana White, siempre calculador, parece dudar entre dar rienda suelta al morbo o preservar el orden jerárquico. Pero, como bien sabe el público, en la UFC el caos suele ser más rentable que la disciplina.

Mientras tanto, Pimblett sigue acumulando victorias, la última contra Michael Chandler en UFC 314, alimentando su papel de antagonista perfecto. Topuria se encuentra así en una encrucijada fascinante. Tsarukyan representa la justicia deportiva, Gaethje el espectáculo garantizado y Pimblett la pólvora mediática. Y, como telón de fondo, el nombre prohibido, el deseo secreto de los aficionados, Islam Makhachev. Porque si hay algo más seductor que lo posible, es lo imposible.