Mourinho: la leyenda que terminó devorada en el Madrid… por Patricia Villarruel Gordillo

Después de tres años en el Real Madrid el DT sale por la puerta de atrás. Perfil.Puede ser que a José Mourinho su mal perder no lo deje vivir, pero en ningún caso eso significa el desvanecimiento del mito, de la figura, amada y repudiada a partes iguales. En el Real Madrid, sus manifestaciones de ambición terminaron convertidas en mera retórica al calor de los resultados (ganó solo una Liga, una Copa del Rey y una Súper Copa). Al madridismo le sabe a poco. El portugués, que acaba de firmar la “peor temporada” en su carrera, ya enfila su destino lejos de los focos del estadio Santiago Bernabéu y más cerca de los de Stamford Bridge, fortín del Chelsea. Deja a la afición dividida y al vestuario crispado. No supo, como en experiencias en otros equipos, aprovechar con maestría los momentos de ruptura.Entrenar al Madrid, un club de dimensiones estratosféricas en el universo futbolístico, era para él como llegar a la Luna. Y sí, llegó; pero, no pudo con la presión que supone lidiar con jugadores colosales que lo han ganado todo, con una prensa deportiva nada contemplativa y una grada inflamada.Desde su barba sin cortar, pasando por el gesto –en ocasiones gélido– de su rostro, sus salidas de tono, sus líos extradeportivos y hasta sus actitudes displicentes han contribuido a la construcción de Mourinho, el personaje soberbio, prepotente, que abusa de la ironía como fórmula para canalizar su ego.Su capacidad de ejercer el liderazgo no admite discusión. Entrenador de culto e imán para las marcas. Enseñas como American Express o Samsung han convertido al luso en ícono de sus campañas publicitarias. No como técnico. Sí, en cambio, como un líder que se anticipa, que adivina el camino antes que nadie. Todo un modelo de modernidad, de éxito, de poder. El ‘Special One’.Su palmarés incluye una veintena de títulos, entre ellos dos Ligas de Campeones y una Copa Uefa, y la designación –en cuatro ocasiones– de ser mejor entrenador de fútbol a nivel de clubes por la Federación Internacional de Historia y Estadística (IFFHS).José Mario dos Santos Félix Mourinho, padre de tres hijos y esposo de Matilde Faria, creció en Setúbal, una localidad a 40 kilómetros de Lisboa. María Julia, su madre, era profesora; y Félix, su padre, portero del Vitória, el equipo local que presidió su abuelo, cuyo estadio se construyó con el apoyo financiero de su tío materno y el único del que Mou se declara aficionado.Obtuvo el título en Ciencias Motoras, en Lisboa, y empezó a trabajar como profesor de educación física. Jugó de defensa central en los juveniles del Uniao Leiria, Belenenses, Río Ave, Sesimbra y Comercio e Industria. Tenía 24 años cuando decidió que su futuro estaba al frente de los banquillos. Obtuvo el título de entrenador de la Uefa en 1985 y encontró en el inglés Bobby Robson y en el holandés Louis Van Gaal a sus mejores valedores y maestros. A su lado, como segundo de a bordo, en el Sporting de Lisboa, el Oporto y el Barcelona, fraguó día a día sus métodos de entrenamiento. Se hartó del papel de auxiliar y se puso al frente del Benfica durante nueve jornadas. Después se topó con el Uniao Leiria en los últimos puestos del fútbol portugués y lo encumbró a la quinta posición de la tabla. En enero del 2002 fichó por el Oporto, dos años después llegó al Chelsea y en el 2008 recaló en el Inter de Milán.Mourinho era un tipo solvente, gran estratega, mediático, capaz de acabar con la particular dictadura del mejor Barça de todos los tiempos. Garantizaba títulos al Madrid tras seis años de sequía.No fue una negociación fácil la que en la primavera del 2010 mantuvo Florentino Pérez con el presidente interista, Massimo Moratti. Al final se impuso la chequera del dirigente merengue: pagó ocho millones de euros por el luso.A su arribo a la capital española, Zé –como le llaman sus amigos– no cambió su habitual rutina de trabajo. “Llega de primero a los entrenamientos después de dejar a los niños en el colegio. Dedica dos horas, en soledad, a preparar las sesiones de trabajo. Lee un resumen de prensa y responde correos electrónicos. Meticuloso hasta la saciedad y obsesionado con el triunfo. No admite la relajación ni la indisciplina, pero es sencillo y cálido en las distancias cortas”, señala Nuno Luz, periodista portugués coautor del libro Mourinho: los secretos de su éxito.En su equipo técnico figuran desde ojeadores hasta editores de imagen y diseñadores gráficos para elaborar exhaustivos informes y producir videos de los rivales. Un trabajo de espionaje en toda regla. “Estudia mejor a los adversarios que los otros entrenadores. Sabe los puntos débiles y fuertes de todos los jugadores y de todos los equipos. Obviamente, eso se refleja dentro del campo. Los jugadores van con la noción clara de que conocen al adversario. Cuando jugaba contra él sentía muchas dificultades para desempeñar mi fútbol”. Las declaraciones son de Cristiano Ronaldo, el mismo jugador que desde hace semanas no le dirige la palabra.“A Mourinho en el Real Madrid le faltó mano izquierda (tacto)”, sentencia Luis Cáceres, representante de la Federación de Peñas de la Comunidad de Madrid y socio del club desde hace medio siglo. El personaje devoró a la persona. Demasiado desgaste interno y externo. “Si no le han acompañado los resultados es porque se han fracturado los principios que él defiende: compromiso y lealtad”, asegura Luz.Paco González, periodista deportivo de la cadena Cope, identifica el inicio de los desencuentros con el vestuario en la llamada que Íker Casillas les hizo a Xavi y Piqué, después del partido de la Supercopa de España que el Barcelona ganó al Madrid, en agosto del 2011. El capitán telefoneó a los jugadores azulgranas, compañeros en la Selección, para acercar posturas y enterrar el hacha de guerra tras un puñado de clásicos que concluyó en, aquella ocasión, con una trifulca monumental en las postrimerías del duelo y con el dedo de Mourinho en el ojo del entonces segundo entrenador del Barça, Tito Vilanova.El principio del finEl portugués no solo lo consideró una muestra de debilidad; también, de deslealtad. Y, respondió a la afrenta. Una semana después, todos los miembros del Madrid gozaron de minutos en el Trofeo Bernabéu que disputaron frente al Galatasaray. Todos, excepto Casillas. Mou, que a su llegada al club aseguró que el futbolista, uno de los más queridos por la hinchada, era “un líder, pero un líder tranquilo, que no falla, intocable”, pasó a advertir que “la portería no es una plaza de abono que tú compras anualmente, y es tuya y de nadie más porque tú la pagas”.Una lesión y las buenas actuaciones del recién contratado Diego López acabaron con la titularidad de Casillas. La suplencia frente a los turcos fue un aviso, el comienzo de una suerte de guerra fría entre el entrenador y la plantilla en un momento en el que el poder del club ya giraba en torno a su figura.El Madrid, que nunca ha sido un equipo de autor, fue el Madrid de Mou. Su consagración como la única voz de mando en la institución se saldó con el destierro de Jorge Valdano de la dirección general deportiva. Florentino Pérez terminó cediendo a las pretensiones del portugués otorgándole toda la “autonomía en la parcela deportiva” para crear su propio camino, sin imposiciones.El técnico blanco nunca olvidó las críticas que el argentino, en su columna en Marca, lanzó contra su estilo de juego en el Chelsea o el Inter de Milán. Él mismo se encargó de escenificar sus discrepancias al quejarse de que el club no respaldaba sus críticas por la actuación de los árbitros. Todo un dardo envenenado contra Valdano, al que acompañó de una lista con los trece errores cometidos, en su opinión, por el árbitro Clos Gómez en un encuentro frente al Sevilla, a finales de 2010. Hasta en tres ruedas de prensa más, Mou echó mano de sus “papelitos” guardados en el bolsillo para enumerar los canteranos que han debutado de su mano y nombrar a aquellos que no han triunfado en los últimos doce años; desgranar frases presuntamente descontextualizadas por un periodista radial, y detallar los técnicos que en las últimas dos décadas alcanzaron las semifinales de la Liga de Campeones (“18 entrenadores, cinco semifinales. El malo de Mourinho 3 de 3”). Trufó de perlas sus comparecencias ante la prensa: “Mi relación con mi mujer es mejor que con Ramos”, “será difícil ser campeones si los rivales del Barça le regalan los partidos”, “Guardiola ha ganado una Champions que a mí me daría vergüenza”...“Intentó imponer su propio ego al de los jugadores y, al final, ha sido él quien ha perdido”, asegura Tomás Roncero, del periódico AS. Eduardo Inda, exdirector de Marca, cree que “fue su férrea disciplina la que no gustó a los futbolistas”.El rodillo mediático ha sido implacable. “La prensa lo ubicó, a su llegada, en la categoría de semidiós y le ha lanzado, en el ocaso, a los pies de los caballos”, opina Nuno Luz.Lo cierto es que todas las encuestas que se acumulaban en los despachos de la presidencia del Real Madrid destilaban dosis de mourinhismo. Los índices de popularidad alcanzaron el 90 por ciento. Pero esa afición que en la grada, meses atrás, portaba leyendas que rezaban “Mou no te vayas nunca” o “A muerte contigo” llevaba varias jornadas pidiendo su salida, entre pitos y reproches. Esta semana, Pérez anunció la rescisión de su contrato. Su despedida definitiva del Bernabéu será el primero de junio.El día que Mourinho abandonó el fútbol inglés hasta el entonces primer ministro británico, Gordon Brown, afirmó que el preparador había contribuido de manera “significativa” al balompié y que era uno de los grandes en el “terreno de juego”. No parece que vaya a ocurrir algo similar en España.Su decisión de no recoger la presea que atestigua su segundo puesto en la final de la Copa del Rey –que el club perdió ante el Atlético de Madrid– aceleró las negociaciones para que abandonara el equipo. Fin de ciclo. Él, que llegó con la vitola de ‘Special One’, y él, que se consideraba un “entrenador completo sin grandes debilidades”, no pudo con el Real Madrid. Se va donde, según él, sí le quieren. A Inglaterra.Patricia Villarruel Gordillo / eltiempo.com
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