Josu Urrutia es uno de los grandes responsables de la temporada que está viviendo el Athletic Club de Bilbao. El cuadro vasco arrancó mal e incluso ha ido perdiendo fuelle durante toda la campaña, en parte por la mala transición que se ha realizado de la misma. Uno de los puntos de inflexión, sin lugar a dudas, fue el nombramiento de Cuco Ziganda como relevo de Ernesto Valverde, una decisión cuanto menos polémica, ya que el presidente fue advertido de que aún era pronto para que el técnico diese dicho salto e incluso que su expertise era muy pobre en relación al que se presupone hay que tener para entrenar a un equipo de élite. En sus últimas declaraciones, el entrenador del Athletic, espera que salte “la chispa”, esperanzas tan vanas que hacen desesperar a todo chichirimundi. Lenguaje de perdedor.

El objetivo de Urrutia con la posición de Ziganda no era otro que tener controlado así a Amorrortu, que no termina de encajar dentro de sus planes para el Athletic Club de Urrutia porque no es de la cuerda del presidente. Una persona responsable de Lezama que a su vez, está enfrenado al técnico del primer equipo fue la razón por lo que el presidente del Athletic vació el ámbito de responsabilidad de Amorrortu.

La hipoteca de Urrutia con Ziganda fue la espoleta de las salidas tanto de Etxeberria como de Larrazabal ya que taponaban sus carreras de entrenador y otras ambiciones a la sombra del presidente y obligaron a un nuevo cambio de situación, en el que Urrutia no tuvo más remedio que volver a dar responsabilidades a AmorrortuAhora, Urrutia tiene pensado no seguir como presidente del Athletic Club de Bilbao, como ya decimos en elGOLdigital, aunque todo dependerá de si logra o no meter a una de sus manos derechas en la presidencia del club vasco. Mientras tanto la temporada de los leones es una de las más desastrosas de la última época. San Mamés se vacía, el juego es rácano y la parroquia se aburre.