Rosell agranda la crisis con sus ataques a Cruyff

Sandro Rosell heredó un Barça económicamente debilitado, pero deportivamente pletórico. Tres años después de ser proclamado presidente, el club goza de mejor salud financiera, pero el equipo es menos poderoso y seductor. Y, lo peor, la entidad está fracturada en una reedición del feroz enfrentamiento entre cruyffistas y nuñistas protagonizado ahora entre guardiolistas y rosellistas.

Guardiola, la figura más carismática del Barça del siglo XXI, nunca sintonizó con Rosell en los dos años de convivencia. Más próximo a Laporta y Cruyff, el técnico de Santpedor silenció sus diferencias durante un año. Hasta la pasada semana, cuando estalló, harto de los comentarios que le llegaban sobre su intromisión en el fichaje de Neymar y su distanciamiento con Tito Vilanova, utilizado para atacar el pasado más glorioso del club. Guardiola no calculó bien las consecuencias de su ataque y abrió una crisis que no ha sabido cerrar Rosell.

La situación demandaba una comparecencia pública de Rosell en las instalaciones del FC Barcelona, pero el presidente prefirió agradecer los favores prestados por el grupo Godó. Su respuesta a Guardiola, tal vez porque le teme, fue tibia, aunque negó que hubiera utilizado la enfermedad de Tito para atacar a Pep. Pidió la unidad del club, pero inmediatamente atizó a Cruyff, exjugador y extécnico que dio una gran proyección internacional al Barça, a quien definió como un futbolista genial y una mala persona.

Rosell está convencido de que Cruyff es una mala influencia para Guardiola, de quien dijo que sería un buen presidente para el Barça. En cambio, descalificó al holandés, recordando su nacionalidad y su pasado en el Ajax, como si el club que él preside no le debiera mucho al fútbol total que un día introdujo Marinus Michels, extécnico del Ajax y maestro de Cruyff.

Rosell, presidente del Barça desde 2010, no ha sabido gestionar las crisis que le han salpicado. Todavía no ha digerido su fracaso de crear una grada de animación y sorprenden sus ataques a los Mossos. Tampoco resultan convincentes sus argumentos para justificar la salida de Abidal y defender la continuidad de Tito Vilanova tras recuperarse ambos de una grave enfermedad. Y, lo peor, su obsesión con Cruyff impide la deseada paz azulgrana.

El Barça, elogiado globalmente por la belleza de su fútbol hace apenas dos años, vive ahora un periodo mucho más turbulento. En Múnich, pero también en Londres y en París, no se explican que el presidente no se hable con las dos figuras más ilustres del club.

 

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