Si Ibrahimovic hubiera noqueado a Guardiola… por SIQUE RODRIGUEZ

Que Ibrahimovic se enfrente al Barça siempre tiene su punto morboso. Su calidad está fuera de toda duda y su personalidad dejó estupefacto al barcelonismo. Ibra se marchó del Barça obsesionado con que no triunfó por culpa de Guardiola. Su adiós respondió, en esencia, a un problema deportivo. Y lo deportivo terminó derivando en algo personal. No hace falta recordar ni sus declaraciones ni las de su representante.El problema fue sencillo: Ibra no aceptaba jugar en la banda para que Guardiola pusiera a Messi de delantero centro. Así de simple. En el Barça de Guardiola, Messi era el “puto amo”. Ibra no lo aceptó. Se sintió engañado por el técnico, al que le costó mirar al sueco a la cara. Quizá Ibra lograra intimidar hasta al mismísimo Guardiola.Una anécdota ilustra el rencor con el que se marchó del Barça, posiblemente, suavizado con los años.Nos remontamos al día en que Ibra firmó su adiós del Barça, es decir, su traspaso al Milán. Justo en el momento de la firma, cuando los directivos del Barça, el jugador y su representante estaban sentados en la mesa y sólo faltaba rubricar el acuerdo, Ibra soltó: “No firmo”. Y dejó el bolígrafo encima de la mesa. Los presentes se quedaron perplejos. “¿Cómo?”. “Que no firmo”, repitió el sueco. “¿Por qué?”, le preguntaron. Ibrahimovic esbozó una sonrisa desafiante y soltó: “Sólo firmaré si le decís una cosa a Guardiola”. Nadie daba crédito a la situación. Ibra añadió: “Decidle que aquí, en Catalunya no, porque no puedo, pero si me lo encuentro en otro sitio de Europa lo dejaré Knock Out”.Knock Out significa noqueado, fuera de combate. Los directivos se quedaron alucinados y el presidente respondió, casi sin hacerle ni caso: “Vale. Se lo diremos. Pero firma”. La consigna era quitarse de encima al sueco costara lo que costase. “Vale. Entonces firmo”, terminó el sueco con su sonrisa desafiante. Era la misma con la que un día le había dicho a Bojan: “No quiero verte hundido. Tienes sangre serbia y los serbios siempre llevamos la cabeza alta”.Son dos anécdotas que ilustran la personalidad de Ibrahimovic. Siempre altivo. Pareciendo andar por encima del bien y del mal. Pero jamás engañó a nadie. Siempre fue así.Su figura sigue despertando sensaciones extrañas aún, hoy, tres temporadas después de su adiós.SIQUE RODRIGUEZ / 50x7.com
Rui Silva