Ultras que prefieren fumar porros a pegarse con los rivales

De las gradas de los estadios suelen emanar varios olores penetrantes: la ráfaga caliente de la mostaza de los perritos calientes; el olor salado de las nueces caramelizadas; el inevitable olor a meado en muchos rincones. En el estadio de fútbol checo del Bohemians 1905, sin embargo, hay un olor que anula a los demás: el de la marihuana.

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Desconocido para la mayoría de los aficionados de Europa, el Bohemians es un equipo de Praga que juega en la primera división de la República Checa. Sus máximos rivales son el Sparta de Praga, posiblemente el club más conocido de la ciudad, y el Slavia de Praga, sus vecinos.

Aunque el fútbol del Bohemians no es el mejor del mundo, sus fans son extraordinarios, en gran parte gracias a la cerveza… pero también a que son fumadores de porros completamente liberales. La afición del Bohemians 1905 disfruta del fútbol, pero lo que más les gusta es la fiesta.

El partido al que asisto es un enfrentamiento descarnado, de esos que se juegan básicamente por el suelo. Se enfrentan el Bohemians y el Banik Ostrava, un club del noreste, cerca de la frontera polaca, con reputación de vandalismo de derechas. Me han adevrtido que ambas aficiones, aún sin pelearse y manifestando su apoyo de una manera muy diferente, van a estar ansiosas por imponer su autoridad en las gradas.

Los Bohemians comenzaron su vida como AFK Vrsovice en 1905. En 1927, el club se fue de gira por Australia nada menos, y aprovecharon la ocasión para renombrarse a sí mismo como Bohemians AFK Vrsovice. La era soviética trajo consigo varios cambios más de nombre hasta terminar eligiendo Bohemians Praga; durante los años 90 hubo una disputa legal alrededor de este nombre y finalmente eligieron el actual, Bohemians Praga 1905 —o los Bohemians originales, como les gusta que les conozcan.

A diferencia del de sus homólogos más ricos de Praga, el estadio del Bohemians no es ostentoso, ni una fortaleza en la Liga de Campeones: simplemente es una pequeña choza destartalada conocido como Ďolíček —”el hoyuelo”. Los tornos de entrada son similares a los que había antes de 1980: la tribuna principal es una construcción que parece de papel pegado con Superglue. En la tribuna, sin embargo, se reúne un bosque de felices aficionados verdes y blancos, y me doy cuenta que en su mayoría tienen en la mano una pinta de cerveza, una bandera gigante o un porro… o las tres cosas a la vez.

“Empecé a ir regularmente al campo del Bohemians alrededor de 2003”, me dice un aficionado llamado David Mladyantes del saque inicial. “En el descanso, todo el mundo sacó los papeles y empezaron a liarse petas. Dio una increíble sensación de normalidad, de algo totalmente cotidiano. Dudo que haya asistido a un solo partido en este campo en el que no hubiera ningún porro a menos de un metro de mi”.

Como de demostración, David se enciende uno y lo pasa a los otros de su alrededor. En la República Checa, fumar marihuana no es ilegal, a pesar de que la legislación vigente es un tanto ambigua. La ley establece que una persona puede llevar un poco para su uso personal, pero no se sabe exactamentecuánto constituye “un poco” —un vacío legal que los fans del Bohemians son muy felices de explotar. Una de sus canciones más famosas es un cántico titulado Kouříme trávu (“fumamos hierba“), adaptado graciosamente del ritmo de Roll out the Barrel.

La mascota del Bohemians, que aparece detrás de la portería, también es especial. No es un demonio verde o un lagarto gigante con el equipaje del equipo, sino algo tan ‘random‘ como… un canguro. Tras la mencionada gira de 1927 por Australia, el club recibió dos canguros vivos como regalo: los Bohemians los aceptaron y los llevaron al zoológico de Praga… y de paso les convirtieron en su mascota.

Le pido a David donde están los baños y se limita a señalar la grada que está al lado. Me dirijo allí y me recibe un mural de cartón en el que hay pintado un hombre que fuma un porro. Varios aficionados mean felizmente a sus pies. Me uno a ellos y me llama la atención lo exraña que es la situación: estoy aguantando una cerveza, meando en una gradería de un campo de fútbol, y cuando miro hacia atrás por encima del hombro aún puedo ver todo lo que pasa en el terreno de juego. Posiblemente nos verían como si estuviéramos en la prehistoria desde cualquier estadio de la Champions League, pero la naturalidad de todo esto hace que sea extrañamente liberador.

El árbitro decreta el saque inicial y los aficionados del Sector B cantan a pleno pulmón ayudados por el sonido ensordecedor de los tambores. Frente a las gradas hay un loco que grita con un megáfono de espaldas al campo. “Somos una gran familia”, dice Dominik Jarkovský, un aficionado de toda la vida. “En la tribuna principal, puedes conocer a los niños, las mujeres y los hombres mayores. No es como en el campo del Sparta o del Banik Ostrava. ¡Allí sólo te encuentras con un montón de hombretones calvos y viejos!”.

“Los aficionados también son extremadamente leales”, añade Petr Homolka, cuya casa está justo al lado del campo de fútbol. “Especialmente en el estadio Ďolíček. Cuando el club estaba casi en bancarrota hace un par de años, fueron los aficionados quienes lo salvaron contribuyendo con su propio dinero”.

Según Jarkovský, estos aficionados ahora poseen alrededor del 20% del club, y son ellos los responsables del “renacimiento de los Bohemians”. Pero ¿por qué fueron tan solidarios? ¿Por qué los aficionados metieron su propio dinero en un equipo de fútbol en el que no hay baños y hay que mear en las mismas graderías? La respuesta, al parecer, es política. Los ultras del Bohemians son fervientemente antifascistas: todas las pegatinas y carteles que hay en todo el campo lo demuestran.

“Los equipos como el Sparta y el Banik han tenido aficionados de derechas desde que yo tengo consciencia”, explica Mlady. “Es obvio que atraen a los neonazis, y esto nos fuerza automáticamente a buscar una bandera diferente alrededor de la cual nos podamos reunir nosotros. Una parte considerable del Bohemians proceden de las culturas ska, punk y reggae, y luchan por conseguir que no se tolere el racismo”.

Un gran ejemplo de esta falta de coincidencia ideológica se produce después de que los Bohemians consiguen su primer gol. Los fans del Banik, sin camiseta y con las cabezas rapadas brillando bajo los focos, despliegan una enorme pancarta que dice: “Todo los hooligans de Europa contra los musulmanes pedófilos y follacabras” y otra igual de ‘encantadora’ que reza: “Los hooligans contra el Islam”.

Lo que veo me deja horrorizado, pero los Bohemians están lejos de quedarse sin palabras. En vez de responder a los insultos de los fans del Banik, los Bohemians se ponen de pie al unísono, levantan sus dedos corazón en dirección a los cabezas rapadas y se mantienen así hasta que quitan la bandera.

Es reconfortante ver una postura tan antirracista en las graderías, pero seguramente no todos los Bohemians pueden ser de izquierdas, ¿no? “Por supuesto que no”, dice Mlady. “Las banderas y pegatinas ultras hacen referencia a la cultura de los Ramones y a fumar hierba, pero eso no significa que todo el mundo esté a favor de de esta cultura liberal. Incluso entre los Bohemians, hay algunas personas que son más nacionalistas; otros aficionados no tienen tendencia política alguna”.

Con el segundo gol de los Bohemians, los aficionados del Banik se calman un poco; cuando llega el tercero, la afición del equipo local está demasiado ocupada divirtiéndose para preocuparse por los rivales… o incluso para percatarse del gol de consolación final del Banik.

Cuando el árbitro hace sonar el silbato para indicar el final, la gradería de los locales se ilumina inmediatamente por un mar de bengalas verdes. Los aficionados se dan palmadas de felicitación en la espalda, las cervezas se mantienen en lo alto, y el canguro aparece de nuevo para hacer una especie de baile extraño para su afición.

“¿Y ahora qué?” Le pido a Mlady. “Último asalto en el párquing contra los aficionados del Banik?”.

“Oh, no, eso es imposible”, dice sonriendo. “Vamos a ir al pub, nos tomaremos unas cervezas para celebrarlo —y, posiblemente, nos fumaremos un porro”.

Via: sports.vice.com

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