El FC Barcelona enfrenta un nuevo obstáculo: Roony Bardghji no puede ser inscrito oficialmente en el filial por el límite salarial, mientras que el Real Madrid sí logra registrar a Franco Mastantuono sin problemas
El FC Barcelona creyó haber encontrado la grieta en el muro, inscribir a Roony Bardghji con ficha del filial y así burlar la muralla normativa que Tebas custodia con celo casi inquisitorial. Pero el presidente de LaLiga, siempre tan celoso guardián de los números, cerró la puerta de golpe. El sueco acabó debutando con el filial sin haber compartido un solo rondo con sus nuevos compañeros, como quien entra a un banquete sin invitación, pero se sienta en la mesa para incomodar al anfitrión.
Ese debut, más alegórico que futbolístico, revelaba algo más profundo. El pulso constante entre un club que vive al límite de su propia contabilidad y una Liga que se empeña en recordarle cada céntimo. En ese choque de fuerzas, Bardghji se convirtió en símbolo involuntario, una pieza sacrificada en el tablero de un juego de poder que nada tiene que ver con los minutos en la cancha.

Diferencias con el Real Madrid
El contraste lo pone el Real Madrid y su tratamiento con Franco Mastantuono. Mientras en Barcelona la norma es un candado oxidado, en Chamartín parece una llave maestra. El argentino fue inscrito sin resistencia alguna, ni el primer equipo ni el Castilla superan el límite salarial. En Madrid, la flexibilidad es tan amplia que la maniobra fluye sin provocar titulares incendiarios.
La antítesis es evidente, donde uno tropieza con la normativa, el otro la utiliza como pasarela. Dos clubes enfrentados no solo en lo deportivo, sino en su relación con la administración de la Liga. Para el aficionado, resulta un espectáculo casi teatral, ver cómo un mismo reglamento se transforma en corsé o alfombra roja según el balance financiero que lo acompañe.
Una práctica extendida en el fútbol español
Lo paradójico es que esta jugada no es ni nueva ni clandestina. Fabio Silva, sin ir más lejos, fue inscrito la pasada temporada en Las Palmas con idéntico procedimiento. Los filiales se convierten así en pasadizos secretos donde los clubes ganan margen deportivo y alivio administrativo. Una fórmula tan común que sorprende ver cómo ahora se convierte en escándalo mediático.
Pero en el caso del Barça, cada inscripción se vuelve un examen público de su fragilidad económica. La rigidez que Tebas exhibe con Bardghji es la misma que expone las costuras de un gigante que, en otros tiempos, parecía indestructible. La pregunta no es si esta estrategia es legal o no la historia lo demuestra. Sino cuánto tiempo más podrá el club sostener la ficción de que sus problemas se resuelven con maniobras de papeleo y no con una cirugía financiera de fondo.


