El calendario como síntoma de una desconexión cada vez más evidente con el seguidor
Mientras la Premier League y la Serie A compiten en Navidad con estadios llenos y familias en las gradas, LaLiga sigue encerrada en su propio laberinto. No es una cuestión de tradición, es de lógica social. Son fechas donde la gente tiene tiempo, ganas y disponibilidad emocional para ir al fútbol. Allí se entiende que el deporte es entretenimiento y cultura popular. Aquí se programa como si el espectador fuera un problema secundario.
Hablar de “calendario protector” suena a excusa pobre cuando los grandes campeonatos europeos juegan y facturan más. El fútbol español se gestiona como un negocio de despacho, con horarios pensados para audiencias lejanas y no para quien pisa el estadio. No es casualidad. Es una elección.
Vacaciones, lesiones y un modelo que se contradice a sí mismo
El contraste es todavía más llamativo cuando se mira alrededor. La Bundesliga, con 18 equipos, disputa menos partidos por temporada. En España, 20 clubes, 38 jornadas y malabarismos en años de Mundial que disparan las lesiones. Todo apretado, todo forzado, todo menos sensato.
Luego llega el discurso de la sobrecarga, pero cuando aparece una ventana real de descanso, muchos futbolistas vuelan a playas exóticas o a destinos lejanos. No es una crítica al jugador, es al sistema. Se vende que hay demasiados partidos, pero se diseña un calendario que no protege ni al aficionado ni al futbolista. El resultado es un producto agotado y cada vez menos reconocible.

Horarios imposibles y un fútbol pensado para quien no va al estadio
Domingos a las 21:00, agosto en pleno calor, gradas vacías y niños que no pueden ir al campo. La narrativa de que el fútbol español cuida al público es difícil de sostener. No está pensado para familias, ni para jóvenes, ni para quien quiere vivir el partido en directo. Está diseñado para el consumo televisivo distante, para “señores que lo ven desde muy lejos”, como resumía con ironía uno de los comentarios.
Lo más paradójico es que quienes más ingresan han decidido dejar de jugar en Navidad. La Premier League ha ajustado su modelo porque entiende el desgaste y el valor del evento. Aquí seguimos defendiendo un sistema que aleja al aficionado mientras se presume de cifras globales.
El fútbol no se muere por jugar en Navidad. Se muere cuando olvida para quién existe.





