El RC Celta suma un punto en el Carlos Tartiere ante un Real Oviedo intenso pero limitado en ataque
El RC Celta y el Real Oviedo firmaron un empate sin goles que dejó la sensación de que ninguno hizo méritos suficientes para mucho más. El equipo de Claudio Giráldez regresa a Vigo con 23 puntos y la impresión de que, apretando un poco más en el tramo final, pudo rascar algo mejor. Aun así, sumar fuera de casa siempre es un ejercicio de supervivencia en una categoría tan exigente.
El encuentro respondió a lo que se esperaba desde la previa. Ritmo alto de inicio, mucha disputa en zonas intermedias y escasas concesiones defensivas. El Oviedo, urgido por la necesidad de puntos, apostó por una presión alta que incomodó la salida de balón celeste, mientras el Celta trató de madurar el partido con posesiones más largas.
Claudio Giráldez mueve piezas y el Celta mejora tras el descanso con más presencia en campo rival
De inicio, Giráldez apostó por Radu en portería y una línea de tres centrales con Manu Fernández, Starfelt y Marcos Alonso, acompañados por Javi Rueda y Sergio Carreira en los carriles. En la medular, Fran Beltrán y Miguel Román, con Bryan Zaragoza, Swedberg y Jutglà como referencias ofensivas. El dibujo mutó por momentos a un 4 4 2, con Manu Fernández lateralizando su posición.
La primera ocasión clara fue para el Celta. Bryan desbordó por banda y encontró a Javi Rueda en el área, pero el disparo del carrilero se marchó muy alto. Fue prácticamente lo único reseñable de una primera parte espesa, con dominio territorial alterno y muy poca profundidad real en ambas áreas.
Tras el descanso, sin cambios de nombres pero sí de actitud, el Celta dio un paso adelante. En el 48, Jutglà resbaló en una buena posición tras un centro lateral y, poco después, un córner de Miguel Román acabó con un remate de Marcos Alonso que rozó el gol. Fue la ocasión más clara del partido y el momento en el que el Celta pareció inclinar el campo.

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Con el paso de los minutos, el Oviedo fue perdiendo energía y Giráldez entendió que el partido pedía más control. La entrada de Iago Aspas y Moriba dio otro aire al equipo. El simple hecho de tener al capitán sobre el césped ordenó al Celta, que empezó a gestionar mejor cada posesión.
Aspas conectó rápido con Swedberg en una acción que recordó a viejos automatismos. El sueco atacó el espacio y se plantó en el área, pero su disparo no encontró portería. Poco después sería sustituido, al igual que un Jutglà exhausto, en un tramo final donde el Celta terminó instalado en campo rival.
El dominio final no se tradujo en gol, pero sí dejó una sensación clara. El Celta acabó mejor, más entero y con mayor claridad que su rival. El empate sabe a poco, pero también deja una base sólida para encarar el regreso liguero el 3 de enero ante el Valencia CF, donde este punto deberá adquirir verdadero valor.





