La lista de la desesperación: entre bajas y un futbolista que no debería ser noticia
Luis García Plaza ha citado a 26 futbolistas para el partido contra la Real Sociedad. La cifra, lejos de transmitir profundidad de plantilla, revela el síntoma más evidente de un proyecto enfermo. Cualquier club que necesita movilizar a casi tres onces completos para afrontar un duelo en casa no está gestionando recursos: está improvisando una barricada con lo que tiene a mano. La convocatoria del técnico madrileño, anunciada este domingo, es la crónica de una urgencia vestida de normalidad. Entre los 26 aparecen Nico Guillén, el canterano de moda, y el regreso de un Azpilicueta al que se le ha visto más en la grada que sobre el césped. La pasada jornada viajó a Pamplona sin disputar un solo minuto. Hoy su nombre es uno más en una lista inflada por la obligación, no por la convicción.
Las dos bajas obligadas, Manu Bueno por esa lesión de rodilla del sábado y Djibril Sow por sanción, han desnudado las vergüenzas de un centro del campo que lleva meses sin brújula. Que la solución pase por mirar al filial y rescatar a un chaval que ni siquiera había asomado en los planes de la primera plantilla no es un gesto de apuesta por la cantera: es la confesión palmaria de que la dirección deportiva ha construido un agujero. Jordán, Agoumé y Mendy completan la medular, tres perfiles que en otro Sevilla FC habrían sido complementos, nunca protagonistas de una noche que se vende como la más importante de la temporada. El escalofrío llega al repasar la retaguardia: Gattoni, Castrín o Oso figuran en la lista con la misma naturalidad con la que uno saca monedas del fondo del sofá. Y arriba, Januzaj, Maupay o Akor asumen el peso de un ataque que sigue sin encontrar un referente fiable tres cuartas partes de curso después.
La lesión de Manu Bueno no es solo un contratiempo físico: es el reflejo de una planificación que ha castigado a sus futbolistas con una exigencia para la que no estaban preparados. Y la sanción a Sow, perfectamente evitable, demuestra que la disciplina competitiva del Sevilla de García Plaza está a la altura de su clasificación. Mientras tanto, la aparición de Nico Guillén se intenta vender como una historia bonita de cantera, pero esconde una verdad más incómoda: el club ha llegado a marzo sin un solo recambio natural para el doble pivote. Guillén pasará de entrenar con el filial a ser, quizá, el único argumento fresco ante un rival que sí sabe a lo que juega. El drama no es que debute; el drama es que su debut sea entendido como una solución y no como un regalo envenenado del calendario.
Una movilización por la supervivencia, o el enésimo simulacro de un club a la deriva
La salida del equipo del estadio después del último entrenamiento, arropada por cientos de aficionados, se ha convertido en la última postal de un sevillismo al que llevan años pidiendo fe sin darle argumentos. La derrota del Deportivo Alavés el sábado abrió una rendija de esperanza: una victoria saca al Sevilla del descenso. Dicho así, suena a oportunidad. Traducido a los despachos, significa que el club más laureado de la última década en títulos europeos está a un tropiezo de meterse en un pozo del que no se sale con cánticos. La movilización por la supervivencia, ese titular que repiten los altavoces oficiales, es en realidad un acto de autoconvencimiento colectivo. Se aplaude el aliento de la grada, pero se ignora que hace solo tres veranos este equipo celebraba una Europa League y ahora sus urgencias son las de un recién ascendido.
La convocatoria de García Plaza incluye 26 futbolistas, una cifra que el club vende como profundidad y que el sentido común traduce como descontrol. ¿Para qué necesitas 26 jugadores si el once que salga de inicio ya está escrito con las mismas caras de siempre? La portería se reparte entre Odysseas, Nyland y Alberto Flores: tres guardametas para un único puesto mientras en otras líneas se acumulan parches. La defensa presenta un desfile de nombres Carmona, Juanlu, Kike Salas, Gudelj, Nianzou, Cardoso y compañía que al final se reducen a los mismos cuatro que llevan jugando juntos desde septiembre. La sensación es la de un camarero que trae una carta larguísima para acabar sirviendo el plato único del día. Esta inflación de efectivos no disimula la escasez; la magnifica.
Mientras el entorno se disfraza de épica, el rival llega con sus propias certezas. La Real Sociedad, sin hacer ruido, ha sabido construir un modelo que no depende de una convocatoria elefantiásica. Tampoco se esconde detrás de movilizaciones de urgencia, porque no las necesita. Ese es el abismo que separa a dos clubes que hace no tanto se miraban de tú a tú en la zona alta. Hoy, el Sevilla mira de reojo al descenso con 26 futbolistas citados y el corazón caliente de su gente. Pero el fútbol, cuanto más se viste de romanticismo, más se empeña en demostrar que los partidos se ganan con organización y talento. Y en la lista de García Plaza hay muchas camisetas y pocas certezas. El canterano Nico Guillén, llamado a la desesperada, simboliza ese salto al vacío que el sevillismo aplaudirá como gesta hasta que el marcador le devuelva a la realidad.
Con Peque, Ejuke, Vargas o Isaac en la parcela ofensiva, el margen para el error es nulo. Cualquiera que haya seguido la temporada sabe que la mayoría de esos nombres componen una delantera intermitente, capaz de lo sublime y de lo ridículo en el mismo minuto. La presencia de Azpilicueta, veterano de mil batallas, se vende como experiencia, pero su aportación real en lo que va de curso apenas supera la anécdota. Que aparezca ahora como opción de minutos es otra muestra de que la enfermería y la planificación han obligado a tirar del carné de identidad antes que del rendimiento. Y en un partido que vale tres puntos y mucho más que tres puntos, las banderas no tapan las carencias.
La pregunta que flota en el ambiente no es si el Sevilla ganará a la Real Sociedad, sino cuánto pesará la mentira piadosa de creer que una plantilla inflada a 26 hombres es sinónimo de fortaleza. La historia reciente del club está llena de noches de remontada y gestas europeas, pero también de episodios donde la realidad acabó pasando factura a los excesos de maquillaje. La presión de un Ramón Sánchez-Pizjuán lleno hasta la bandera puede obrar milagros o destapar las costuras de un once roto. ¿Alguien en los despachos se ha parado a pensar qué ocurre si el plan A, ese que incluye correr más que el rival y rezar lo justo, no funciona? Porque 26 convocados dan para muchas combinaciones, pero no para fabricar un estilo de juego de la nada.
El fútbol no perdona las improvisaciones, y la inclusión de Nico Guillén es la prueba definitiva de que el Sevilla FC ha llegado a marzo en modo supervivencia. No es un voto de confianza al chaval; es un S.O.S. lanzado al calendario. Los aficionados, que un domingo más se dejaron la garganta, merecen algo más que convocatorias de 26 nombres sin jerarquía. Merecen poder mirar el once inicial y reconocer un proyecto, no un parche. Mientras el balón ruede, el resultado dictará sentencia, pero la foto de este lunes ya debería avergonzar a quienes convirtieron un club campeón en un superviviente crónico. Si ganar es la única medicina, ¿cuántos partidos más puede resistir el paciente antes de que el tratamiento lo mate?



